“Ahora vivimos orgullosos de nuestra ignorancia”, asegura Javier Marías. No hombre no, eso era antes. Ahora hemos avanzado mucho, hacia el precipicio, por supuesto, pero me temo que Marías se queda atrás.
La misma idea aporta un gran periodista y un gran pensador, llamado Rafael Esparza, quien analiza la degeneración intelectual de Occidente, guiado por su maestro, aquel filósofo olvidado, demasiado pronto, llamado Leonardo Polo. Esparza asegura que comenzamos perdiendo el sentido de la realidad, allá con Descartes (en la imagen), luego nos dimos un baño de irrealidad, más que de idealismo, con la Revolución francesa y con los amigos Kant y Hegel y nuestro racionalismo acabó resultando poco razonable.
Y ahora Esparza habla del sinsentido de una Europa que dio clases al mundo y ha llegado al siglo XXI con el norte perdido, en pleno pensamiento débil o, más bien, ausencia de pensamiento.
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