Durante su viaje apostólico por África, el Santo Padre se encuentra Argelia, donde hoy ha visitado Hipona, ciudad en la que falleció San Agustín. Allí celebra una misa a las 15:30 de la tarde (16:30 en España).
León XIV ayer celebró una serie de actos como la visita al Monumento de los Mártires Maqam Echahid, dedicado a los caídos durante la guerra de independencia de Argelia que tuvo lugar entre 1954 y 1962. Allí dijo: "En este lugar recordamos que Dios desea la paz para cada país; una paz que no es sólo ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y de dignidad. Esta paz, que permite enfrentar el futuro con ánimo reconciliado, es posible solamente con el perdón. La lucha verdadera por la liberación será ganada definitivamente sólo cuando la paz se haya conquistado finalmente en los corazones. Sé cuán difícil sea perdonar. Sin embargo, mientras los conflictos se multiplican continuamente en todo el mundo, no se puede añadir resentimiento al resentimiento, de generación en generación".
Luego pronunció un discurso ante las autoridades y cuerpo diplomático del país, en el que instó a estas: "Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que todos viviéramos juntos". "La verdadera fuerza de un país reside en la cooperación de todos para la realización del bien común. Las autoridades están llamadas no a dominar, sino a servir al pueblo y a su desarrollo. La acción política encuentra, por tanto, su criterio en la justicia, sin la cual no hay paz auténtica, y se expresa en la promoción de condiciones equitativas y dignas para todos. También la Iglesia católica, con sus comunidades e iniciativas, desea contribuir al bien común de Argelia, fortaleciendo su particular identidad de puente entre el Norte y el Sur, entre Oriente y Occidente".
Posteriormente, el Santo Padre visitó la Gran Mezquita de Argel, donde respondió en italiano a las palabras de bienvenida del Rector de la Gran Mezquita, Mohamed Mamoun Al Qasimi: "Agradezco por esta reflexión y por estas palabras ―tan importantes en esta visita― pronunciadas desde un lugar que representa el espacio que pertenece a Dios, un espacio divino, sagrado, donde tantas personas vienen a orar para encontrar la presencia del Altísimo, de Dios, en sus vidas. Como usted sabe, vengo con gran alegría a Argelia porque es también la tierra de mi padre espiritual, san Agustín, que ha querido enseñar tantas cosas al mundo, sobretodo con la búsqueda de la verdad, con la búsqueda de Dios, reconociendo la dignidad de cada ser humano y la importancia de construir la paz. Buscar a Dios es reconocer la imagen de Dios en cada criatura, en los hijos de Dios, en cada hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Esto significa para nosotros que es muy importante aprender a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana".
León XIV también tuvo tiempo para encontrarse con la pequeña comunidad católica argelina que apenas suma 6.000 personas en un país de casi 48 millones de habitantes: "Sois los herederos de una multitud de testigos que dieron su vida, impulsados por el amor a Dios y al prójimo. Pienso en particular en los diecinueve religiosos y religiosas mártires de Argelia, que eligieron estar al lado de este pueblo en sus alegrías y en sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto".
Asimismo, el Pontífice se reunió de manera privada con las Hermanas Agustinas Misioneras de Bab El Oued. Dos de ellas, españolas (Esther Paniagua Alonso y Caridad Álvarez Martín), formaron parte de los 19 mártires asesinados entre 1994 y 1996, durante la guerra civil argelina. "Tras un momento de oración con las hermanas y un saludo de la superiora de la comunidad, el Papa se dirigió a ellas, recordando la historia de las dos mártires, y de las demás monjas, explicando que son como una presencia preciosa en esta tierra", señaló el portavoz vaticano, Matteo Bruni. "Así debe ser la vida agustina en el mundo: dar testimonio, el martirio", dijo el obispo de Roma.










