Doña Esperanza Aguirre es una liberalota de toma y lomo, una progresista de derechas de toda la vida, por lo que defiende la legalización de la prostitución. Y es que el asunto viene de lejos.

Una tesis también promulgada por sus enemigos del grupo PRISA, quienes están dispuestos a forzar su exquisita sensibilidad y publicar imágenes del negocio en los ratos de ocio. El País, al igual que doña Esperanza, ambos muy tolerantes, consideran que la prostitución no puede ser prohibida, por lo que debe ser regulada y, sobre todo, debe alejarse de las calles porque da mucho asco. No debe prohibirse naturalmente (prohibido prohibir) sino simplemente debe esconderse de la vista de la progresía bien pensante. Sí, ahora los bienpensantes son los progres.

La primera pregunta es: ¿por qué hay que regular todo lo que existe? No puede promocionarse, a través de una regulación, la compra-venta del cuerpo humano y de la persona humana. La prostitución es, en sí, negativa, no porque lo diga la Iglesia, sino porque lo grita la humanidad. Es una esclavitud consentida, que no por ello deja de ser esclavitud.

No todo lo que es, debe ser. Existen más robos que servicios de prostitutas, pero no por ello legalizamos y regularizamos el robo. No por ello al Joan Saura se le ocurre la genial idea crear barrios de latrocinio, donde se puede robar y barrios en los que los hurtos sean perseguidos.

¿Por qué, entonces, esta presión pro-legalización de la esclavitud sexual? Por dos razones: por presiones de los proxenetas, algunos constituidos en grandes empresas, con ramificaciones en la distribución de bebidas alcohólicas y en la seguridad privada (o sea, matones a sueldo).

En segundo lugar porque los políticos siempre optan por lo más cómodo, y lo más cómodo es legalizar la barbarie y, sobre todo, esconderla debajo de la alfombra, para que no se vea, que tal es el propósito de la hipocresía de El País y doña Esperanza Aguirre.

¿Cuál es la alternativa? Perseguir la prostitución, es decir, la esclavitud sexual y a todos sus elementos: proxenetas, prostitutas y los clientes. Y, en segundo lugar, intentar que las prostitutas dejen de serlo. ¿Que es un camino muy difícil? Claro, Ana Botella, como responsable de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Madrid lo intentó y obtuvo un rotundo fracaso. Muchas de las ayudadas, querían seguir siendo prostitutas. Es así de triste pero es cierto. Ahora bien, la dificultad para solucionar un problema no implica que la solución sea mala. Y si no, que se lo digan a todos los enfermos de cáncer.

Eulogio López

[email protected]