• Se trata de un ataque más, que se suma a los que últimamente se vienen produciendo: robos de sagrarios, colocación de artefactos explosivos, insultos a los curas, etc.
  • La absurda petición viene de atrás, concretamente desde que el templo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, cuando los laicistas Norman Foster y Federico Mayor Zaragoza pidieron su desacralización y darle un uso civil.
  • Se ha intentado utilizar el nombre de la Unesco a favor de la expropiación, pero en realidad es la ONG Centro Unesco de Andalucía, la que es partidaria del robo.
  • Es propiedad de la Iglesia desde el año 1236, cuando el rey Fernando III el Santo restableció el culto cristiano. En 1523 se construyó una basílica cristiana, sin destruir la mezquita.

La Mezquita-Catedral de Córdoba sigue siendo el centro de una absurda campaña laicista que pide su expropiación a la Iglesia Católica. Ya les informamos en Hispanidad que se abrían unas plataformas para recoger firmasy evitar este robo, pues fue la delegada de la Junta de Andalucía, Isabel Ambrosio, quien solicitó un informe jurídico sobre la propiedad de este edificio.

Un ataque más, que se suma a los que últimamente se vienen produciendo contra la Iglesia en España: robos de sagrarios, colocación de artefactos explosivos, insultos a los curas, etc. Pues ya se sabe que golpear a la Iglesia en nuestro país sale muy rentable y además los progresistas se jactan de respetar y tolerar a todo el mundo, pero en ese saco no incluyen a los católicos ¿por qué ¿hacemos algún mal con la profesión de nuestra fe No, sino más bien todo lo contrario.

Y ya los laicistas son punto y aparte. Piden a toda costa que la Iglesia pague IBI por sus edificios y quieren que la Mezquita-Catedral de Córdoba deje de pertenecer a la Iglesia, entre otros aspectos, podían dejarse de tantas peticiones ridículas y reconocer la gran labor que hace la Iglesia a través de organizaciones como Cáritas para ayudar a los más desfavorecidos. Esto es mucho más importante, pero claro no les interesa.

Pero esta absurda petición de que el monumento por excelencia cordobés sea de titularidad pública viene de unos años atrás. Concretamente a raíz de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, cuando los laicistas mundiales Norman Foster y Federico Mayor Zaragoza firmaron un manifiesto, en el que pedían desacralizar el templo y darle un uso civil.

Precisamente en los días anteriores se ha intentado utilizar el nombre de la Unesco a favor de la expropiación, pues el Centro Unesco de Andalucía apoya la iniciativa laicista. Desde el Cabildo de la Catedral de Córdoba se ha arrojado luz a este asunto a través de un comunicado, donde se dice: "no hay ningún tipo de implicación o mediación de la Unesco, sino de una ong (una asociación civil e independiente sin ánimo de lucro) fundada en 1994 con sede en Granada que apoya los fines de la Unesco y está financiada, entre otros, por la Junta de Andalucía".

Sería conveniente recalcar los orígenes de este templo, es propiedad de la Iglesia desde el año 1236, cuando el rey Fernando III el Santo restableció el culto cristiano en este lugar. Los católicos, a diferencia de los musulmanes, respetaron la mezquita cordobesa y en 1523 construyeron una basílica cristiana en su interior. Antes de la invasión musulmana ya había una basílica visigótica en este enclave, la de san Vicente mártir, pero los musulmanes la destruyeron y la sustituyeron por su mezquita.

Ahora, además de los laicistas, los musulmanes aprovechan la ocasión para reclamar este templo, argumentando que antes fue mezquita, pero no se olviden que antes fue basílica visigótica.

Hay que apostar por defender la Mezquita-Catedral de Córdoba, pues es un bien de todos los cristianos, por ello pueden escribir a la presidenta socialista de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y al vicepresidente de la misma, Diego Valderas (IU) para exigirles que abandonen su expropiación en este enlace. Sinceramente creo que tienen cosas más importantes de las que preocuparse, que la titularidad de un templo que lleva sin discutirse nada más y nada menos que ocho siglos.

Cristina Martín

cristina@hispanidad.com