Cuando te acercas a la historia de las revoluciones sociales, que en general han sembrado de sangre y muerte a los pueblos, da un poco de vergüenza pertenecer al colectivo humano. Todas han sido injustas con la excusa de la justicia o más esclavistas con el pretexto de la libertad.

En cualquier caso, las revoluciones que hemos conocido han sido principalmente de dos tipos: lucha de clases y libertades sexuales. Ambas han tenido en común la necesidad de incluir otra revolución más de tipo cultural como correa de transmisión para el necesario cambio de paradigmas sociales y percepciones individuales. La primera gran revolución, con origen en el marxismo, fue la comunista, que trató de sentar las bases de una sociedad justa y equitativa, y con el muy dudoso honor segó la vida de 110.000.000 de personas, una revolución promovida por la lucha de clases, de abajo arriba, en la que se admitía poder matar por el hecho de ser obrero. Hoy en día, todavía hay políticos, en el siglo XXI, que siguen reclamándola para el mundo. ¡Increíble!

Pero no crean que las revoluciones sexuales han sido más benignas, porque el reguero de abortos provocados suma varias decenas de millones de vidas humanas y a las que habrá que empezar a añadir las promovidas por la eutanasia. En este caso, en la revolución sexual fue horizontal. Niños pijos sobrados de todo que integraban el movimiento hippie californiano y el Mayo del 68, donde por lo visto sus principales problemas eran de tipo penevulvar, para lo que exigían una libertad de expresión sin restricciones, anulando sus -por lo visto- restrictivas normas sexuales. Música, escenografía, literatura y cine se pusieron manos a la obra para el cambio cultural, marginando lo antiguo -vamos lo eterno y lo clásico-, por lo moderno -que en definitiva es lo que muere en cada minuto que pasa-. Y, de aquellos barros los lodos de hoy, ya que fueron los precursores de La Revolución Sexual global, que la socióloga Gabrielle Kuby ha sabido explicar y desarrollar en este magnífico ensayo de obligada lectura para todos (todos significa que ninguno queda excluido).

Hoy vuelven a la carga con otra nueva revolución, que a falta de imaginación reúne los aspectos de las anteriores en una mixtura donde la lucha de clases junto a la revolución sexual da como resultado la revolución de género o la lucha de género

Hoy vuelven a la carga con otra nueva revolución, que a falta de imaginación reúne los aspectos de las anteriores en una mixtura donde la lucha de clases junto a la revolución sexual da como resultado la revolución de género o la lucha de género. Para ganar esta esta batalla cultural son indispensables, como en las anteriores, los cambios de paradigmas para lo que ponen en marcha la propaganda con los medios de comunicación al servicio del neosistema y la ley como guillotina a la opinión particular frente a lo políticamente correcto. Una revolución propiciada e impulsada por los filántropos más ricos del mundo, que aglutinan el 80% de la riqueza mundial y quieren más, sobre todo la supeditación de la voluntad humana. Es la revolución neoliberal más salvaje, más criminal, más dictatorial, que Marcos López Herrador trata con fuerza en su libro La rebelión de los amos, que desde después de la Segunda Guerra Mundial se está ejecutando como un reloj, sin prisas pero sin pausa.

Pablo Iglesias, quizá el líder más amortizado, cuya salida del Gobierno sanchista ha sido una hábil labor de escapismo trilero, porque desde Europa avisaron de que no habría guita con él ahí metido, y aparenta sacrificar su cargo abanderando el relato de que las huestes fascistas de Madrid con Isabel Díaz Ayuso y Rocío Monasterio se hagan con el poder de la capital, y él, víctima propiciatoria, lo da todo por el pueblo rodeándose de su ejército pata negra de antifascistas con derecho a matar, como sucedió también con los obreros de la lucha por el comunismo, y rodeado de mujeres feministas que asumen todo lo que él diga como es el caso de Isa Serra, Yolanda Díaz y su pareja, Irene Montero.

La revolución podemita se vanagloria de ser los nuevos comunistas, pero no son más que un club privado y selecto que ama el dinero y la riqueza, el dinero de algunos ricos y de países cuya corruptela les precede. Una corrupción del poder tan opaco como aprisionado, exactamente el mismo que escenifica Unidas Podemos, cuyo amado líder se enriquece con el voto de los súbditos obnubilados por los cantos al Sol del macho alfa y sus mariachis a las guitarras, Echenique y Monedero, que también le hacen los coros entre las turbas pobres que los sostienen.

Una corrupción del poder tan opaco como aprisionado, exactamente el mismo que escenifica Unidas Podemos, cuyo amado líder se enriquece con el voto de los súbditos obnubilados por los cantos al Sol del macho alfa y sus mariachis a las guitarras, Echenique y Monedero, que también le hacen los coros entre las turbas pobres que los sostienen

Jesús Trillo-Figueroa, en El espectro del comunismo, libro profético donde los haya, dejaba dicho: Esa originalidad histórica del fascismo, como movimiento político revolucionario y rupturista en una época de crisis dentro de un sistema democrático, es algo que reconoce el propio Pablo Iglesias, pues el comunismo conquistó el poder al margen de la democracia, por medio de la revolución violenta y de la guerra. Con lo que cerramos el círculo de este artículo que nos lleva a ese espacio de las revoluciones que siguen haciendo mella en la inconsciencia colectiva, reactivando los sentimientos y emociones, que les llevan a la irrealidad de un mundo paralelo, apetecible pero incierto, más bien falso, desde donde apoyarán los memos eslóganes de los amos de sus votos. Gente sordo-ciega, incapaces de discernir lo bueno de lo malo, lo falso de lo verdadero, la tomadura de pelo de un chiste malo.