Tras un accidente que provocó 80 muertos, uno diría que cualquier persona sensata no buscaría culpas sino causas.
Pero en España no. En la España cainita lo importante no es consolar a las víctimas y analizar las causas para evitar que se repitan: lo importante es fusilar a alguien, siguiendo aquel viejo dicho: "Lo malo de este país es que se ha fusilado poco y mal".

En la tarde del martes se abrían las famosas cajas negras del desastre ferroviario. Uno no sabe nada de trenes, salvo que he viajado mucho en ellos, pero ayer escuche á un periodista, naturalmente progresista -condición evidente, por su aire de cabreo permanente-, en un programa de Cuatro, naturalmente progresista, llevarse las manos a la cabeza ante el notición de las cajas negras.

Resulta que en el momento del accidente el maquinista estaba hablando por teléfono con un controlador de RENFE a la vez que observaba un plano, lo cual, según nuestro protagonista, era de "aurora boreal". Caramba, ¿Qué tiene de raro que un maquinista reciba instrucciones y ayudas telefónicas desde el control de la compañía ¿Acaso no hablan los pilotos aéreos con la torre de control ¿Acaso no revisan las coordenadas de vuelo, especialmente en el momento de aterrizar, esto es, de llegar a la estación

Naturalmente, en cinco breve minutos la conversación buscó al culpable, a repartir entre RENFE, el Ministerio y el apóstol Santiago, por no proteger a los viajeros que visitaban su tierra. Las tonterías que pudieron oírse en ese tiempo sí fueron 'de aurora boreal'.

Lo malo de buscar culpables en lugar de investigar donde estuvo el fallo para que no vuelva a repetirse el siniestro, es que no se aprende. Aunque, eso sí, nos roemos todos el hígado con mucho empeño. Probablemente, la explicación más lógica sea que el maquinista haya dicho la verdad: que se equivocó de tramo y no ajustó la velocidad como debía. Y si así es, deberíamos pensar todos si lo conveniente no sería que poner dos maquinistas (conductores en la misma cabina) por aquello de que cuatro ojos ven más que dos, o reducir la velocidad de los convoyes… o qué se yo. Pero buscar culpables no parece que vaya servir de mucho. Hay que hacer justicia, ciertamente, pero no venganza.

Eulogio López

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