Que no, que la consecución de los Estados Unidos de Europa no es una cuestión de cesión de soberanía sino de cesión de solidaridad.

Y los alemanes no quieren ser solidarios. Tampoco quieren una Europa de dos velocidades: quieren una Europa regida desde Berlín que, sólo por casualidad, es lo peor de Alemania, la vieja Prusia atea y bárbara, masacrada por el luteranismo, el imperialismo, la desesperación ilustrada, el nazismo y el comunismo, todo seguido.

Ya no se habla de Constitución en Europa, es decir, de un catálogo de derechos humanos, que no es otra cosa que los 10 mandamientos en versión laica. Y sí, hace falta una Constitución que reconozca el cristianismo como base de Europa. A partir de ahí podemos hablar de un solo país.

Como en Europa no hay estadistas, ahora sólo se habla de economía pero también desde la perspectiva más egoísta. A nadie se le ocurre que para salir de la crisis haya que poner más dinero al fondo común, al presupuesto comunitario. Ahora Europa es un banco, pero hasta entre banqueros los hay más generosos y menos.

Una moneda única con 17 tesoros distintos es algo que no se le ocurre ni al que asó la manteca. Es como una sola máquina de hacer dinero pero accionada por 17 manos bien distintas. Merkel no quiere eurobonos, pero lo cierto es que, en un continente que vive del crédito, o tiene un solo bono o no era un continente, sino una metrópoli con varias colonias, en el sur y en el este. Que es, justamente, lo que quieren los alemanes. Y luego se extrañan de que les tengan manía.

Y a todo esto, ¿qué ha ganado Rajoy? Yo creo que nada. En la madrugada del viernes conseguía -gran logro- que se aceptara el plan de rescate para la banca española. Un rescate carísimo, porque se trata de créditos, más créditos, que aumentan la deuda que debemos pagar para una banca que no debíamos rescatar. No es de extrañar que subiera la bolsa... y subiera la prima de riesgo. Ni la menor promesa de que el BCE compre deuda española, que eso sí constituiría una ayuda. Y encima, perdemos la soberanía supervisora a manos del Banco Central Europeo, una perspectiva que asusta.

Y encima nos lo venden como un éxito. Lo que hay que aguantar.

Eulogio López

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