El problema de la derecha española es que no tiene otro programa que el económico. No son gobernantes, son gestores. Y lo malo es que la economía no es más que justicia y demografía. Así que si no tienes claro los cimientos -es decir, los principios- estás construyendo en el aire.

En mi opinión, Rubalcaba (en la imagen) ha vencido a Rajoy. Lo cual resulta curioso porque el discurso del líder socialista fue tremendista y demagogo. Pero no se puede afrontar el espectáculo y las mentiras de don Alfredo con la tibieza de don Mariano.

Y es que en materia de derechos humanos hay cierta confusión. Hay derechos de primera y de segunda generación. La progresía de izquierdas, o sea, Rubalcaba, considera que todo el mundo tiene derecho a que todo sea financiado por lo demás. Cada nueva prestación pública, es decir, de los demás, constituye un derecho adquirido.

Así, el término de moda, el conjuro mágico de Rubalcaba y demás formaciones de izquierda, no es otro que la propiedad pública, es decir, la propiedad de nadie… que gestionan los políticos.

Pero el sofisma de los nuevos derechos afecta al Partido Popular, cuya constitución ideológica, más bien débil, es la propia de la derecha pagana. Cuando Rajoy responde al socialista juega en terreno ajeno: insiste en que no se han vulnerado derechos, cuando lo que tenía que hacer es decir cuáles son los derechos que defiende.

Todos los derechos que pregona Rubalcaba, cariacontenido ante la crisis suprema que atraviesa el país, se apoyan en el precitado principio de que la propiedad pública es de todos. Así, la sanidad pública es el canal de la justicia social, la educación pública es la que ofrece igualdad de oportunidades, y así con todo. Estos derechos básicos, los que don Mariano debía oponer, son los tres derechos humanos que han constituido la vida pública europea desde hace 2.000 años, y que no son sino virtudes cristianas: vida, libertad y propiedad. Privada, claro está.

Sólo que no se atreve, porque la cosmovisión de don Mariano no es cristiana. Por eso, su Gobierno es tan abortista como el de Zapatero, por eso la libertad de culto sigue en retroceso y ser cristiano es vivir condenado al silencio, por eso la izquierda progre ha sido derrotada en las urnas pero impera en la calle y por eso el Gobierno pepero coadyuva al expolio de la propiedad privada, con sus secuelas correspondientes de desempleo y marginación.

Simplemente, la izquierda española es demagógica y la derecha es tibia y cobardona para defender sus propios principios. O al menos, sus principios primigenios.

Eulogio López

[email protected]