No puedo aportar demostración estadística pero sospecho que en las homilías dominicales son muchos los curas que hablan de Dios y pocos los que hablan de Cristo.

Y no es pequeño problema si consideramos que los cristianos no somos los que creemos en Dios sino los que amamos a Cristo, al Dios encarnado a la concretísima figura nacida en el poblado de Belén hace 2012 años, más menos.

Y por la mismas que muchos curas prefieren hablar de Dios, cuando no de espiritualidad, que eso ya sería más grave, aun aluden menos a las inferencias directas del amor a Cristo, que son muchas más que las de la fe en Dios y no digamos nada lo de la tontuna de la espiritualidad. Eso, al parecer, lo dejan para el Papa. Y ha tenido que ser Benedicto XVI (en la imagen) quien nos recuerde que, por ejemplo, no puede hablar de paz quien propaga el aborto, la eutanasia y el homomonio.

Por no entender que la clave del Cristianismo es el amor a Cristo, no la fe en Dios -también los demonios creen en Dios- nos cuesta entender la inferencia directa que hace el Pontífice: ¿Qué tiene que ver la paz con el aborto o con el gaymonio, que aún parece más lejano?

Pues la misma que la fe en Dios y en el amor a Cristo: la paz no es la ausencia de guerra sino la presencia de la caridad. Y cuando existe amor nadie mata al indefenso, nadie ejecuta al débil, al anciano, y nadie blasfema contra la procreación, o colaboración del hombre en la propagación de la vida, convirtiendo el sexo en sodomía, y la generación en cochinada. Todo parte de lo mismo y llega, si llega, a los mismos lugares.

Pero, al parecer, es el Papa quien se ve obligado a decirlo. No tendría por qué ser así.

Eulogio López

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