Recientemente, asistí a una conferencia pronunciada por el director general de "Ayuda a la Iglesia Necesitada". Habló de la persecución de los cristianos en todo el mundo y de la falta de libertad de religión, en algunos países. La dignidad humana es el cimiento de la libertad de religión, por lo que es crucial tener como puntos de referencia la persona humana y su dignidad.

Partiendo de esta reflexión, la libertad de religión se presenta como un derecho humano. También conlleva deberes, como el de querer la libertad de los otros. La puesta en práctica de la libertad de religión depende de la forma en que se desea este deber. La libertad de religión existe como un derecho propio de todos los mortales.

La persona humana tiene el derecho a la libertad de religión. En toda sociedad organizada con el objetivo de promover la dignidad humana es fundamental que el Estado ampare los derechos humanos, ya que constituyen un mecanismo decisivo de la legitimidad de un sistema democrático.

La misión del Estado localiza su límite en el respeto a los derechos humanos. Cuando una decisión gubernamental vulnera un derecho humano fundamental, su legitimidad queda cuestionada. La dignidad humana atañe a la persona en su totalidad.

La dimensión espiritual de la dignidad humana es tan transcendental que demanda una atención especial si se desea poner en práctica la libertad de religión.

La definición de la libertad de religión ha ido girando con el paso del tiempo, dado que cada ser humano no es solo un individuo único e irrepetible, sino también un ser social que acata vitalmente su dependencia de otros, su filiación a un grupo social son necesarios para su realización.

La libertad de religión carece de sentido si se circunscribe al fuero interno de cada persona humana. Los mortales que participan de la misma religión tienen el derecho de practicarla juntos. Así, el grupo que constituyen, también tiene derecho a la libertad de religión.

La libertad de religión es esencial para el bien común. La sociedad debe oponerse toda forma de totalitarismo, incluyendo, de modo especial, el religioso.

El Estado tiene el deber de acatar la libertad de religión y comprometerse a que sea respetada. Esta tolerancia no solo atañe al Estado, sino también a los diversos componentes de la sociedad. La libertad de religión beneficia la paz y el bienestar individual y colectivo.

Las sociedades que quebrantan la libertad de religión no solo perjudican a las personas, sino a toda la sociedad en general.

Clemente Ferrer

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