Las Siervas de San José (SSJ) nacieron en Salamanca (España) el 10 de enero de 1874, de la mano de Bonifacia Rodríguez y Francisco Butinyà i Hospital, como institución para la promoción y evangelización de la mujer trabajadora.

Las SSJ son una congregación que está comprometida de manera especial con el mundo pobre

Actualmente esta congregación religiosa está comprometida de manera especial con el mundo pobre, así como su evangelización y promoción. Tiene presencia en: Cuba, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina, Chile, Congo, Italia, España, Vietnam, Filipinas y Papúa Nueva Guinea.

En este artículo nos dedicamos a la presencia de las SSJ en Perú, concretamente en la comunidad de Wachapea, que pertenece al distrito de Imaza, con capital en Chiriaco. Este distrito pertenece a la provincia de Bagua del departamento de Amazonas y tiene una población de unos 21.409 habitantes, de los cuales el 85% son población indígena, awajun y wampis, y el 15% son mestizos o emigrantes de otras provincias.

Su lema, "Trabajo, Fe y Amor", resume a la perfección los objetivos de esta congregación religiosa

La presencia de las Siervas de San José se convierte en un rayo de luz para las gentes que viven en esta zona en mitad de la selva peruana y su lema, "Trabajo, Fe y Amor", resume a la perfección los objetivos de esta congregación religiosa. "Las SSJ hemos sido enviadas para evangelizar y promocionar al pueblo awajun, así como para atender la zona en salud y a la joven en educación", nos cuenta la SSJ sor Teresa. Esta congregación cuenta con el apoyo de algunas empresas españolas en la importante misión que desarrollan.

Llegaron a Chiriaco el 11 de mayo de 1968 y hoy cuentan con la ayuda de algunas empresas españolas  

Las Siervas de San José llegaron a la zona de Chiriaco el 11 de mayo de 1968 y se hicieron cargo de una escuela para mujeres. Cuatro años antes (en 1964) habían llegado a la zona los jesuitas, que montaron una escuela de varones. En 1973 las SSJ se hicieron cargo de la escuela de varones, creada por los jesuitas, y en el 2001 se integraron en el Movimiento Fe y Alegría para poder seguir ofreciendo una educación integral y de calidad, viendo el trabajo como medio de realización personal y encuentro con Dios. En el año 2010 unificaron la escuela de varones con la de mujeres.

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La zona donde se encuentran las SSJ forma parte de la Amazonía y como todas las reservas naturales se encuentra amenazada por intereses económicos y políticos, pero también por la necesidad de explotar su riqueza de flora y fauna. La deforestación por las actividades agrícolas y madereras, especies animales en peligro de extinción por la caza indiscriminada, contaminación del suelo con basura y productos de difícil degradación, pesca indiscriminada con técnicas que ponen en riesgo las especies y la alimentación de la población awajun o la existencia de minería informal, son algunas de las principales amenazas.  

El problema ecológico preocupa y es necesario que se realicen acciones conjuntas en torno a la preservación, conservación y cuidado del medio ambiente natural y humano, pues no se trata solo de vegetación o fauna, sino también del grupo humano awajun y wampis, ya que se les ha violentado su derecho a tener la tierra y vivir en su hábitat natural.

Estos pueblos viven en situación de pobreza extrema y diseminados en pequeños poblados. La mayoría de sus casas están hechas con material de la zona (paredes de caña brava y techo de hoja de palmera) y de una sola pieza que utilizan como cocina, comedor, sala de estar y dormitorio. La mayoría de los awajun mantiene una economía de subsistencia, basada en la caza, la pesca y la recolección y una agricultura incipiente.

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En los centros poblados, la mayor actividad económica es la comercial (venta de artículos de primera necesidad, ropa, comida, etc.) y hay servicios de salud. A la carencia de servicios básicos en la mayoría de las comunidades se une el difícil transporte, pues gran parte de la vía que comunica la ciudad con la selva no está asfaltada, lo que obliga a viajar por el río, con los riesgos que eso conlleva.

Sor Teresa nos cuenta que hoy en día las organizaciones están muy divididas y debilitadas tras el conflicto conocido como "baguazo", pues algunas han sido compradas por el gobierno, que les prometió progreso si dejaban entrar a las petroleras y mineras en su zona. La mayoría no está de acuerdo y no los dejan entrar porque no quieren perder sus tierras y sus ríos, "que son la razón de su existir y la herencia que dejan a sus hijos" y están dispuestos a seguir defendiendo sus territorios.

El pueblo awajun y wampis es contemplativo y vive una relación armónica con el cosmos. Se trata de una cultura patriarcal y machista, con una creencia muy fuerte en la brujería y en las supersticiones, el terreno adecuado para que las distintas religiones que se han ido estableciendo en la zona puedan ganar adeptos fácilmente.

La presencia de la Iglesia católica es escasa, sólo las
SSJ y los jesuitas

En este extenso territorio de Imacita la presencia de la Iglesia católica es escasa, "sólo estamos las Siervas en Wachapea, un jesuita es párroco en Chiriaco y atiende a las comunidades awajun y los Jesuitas están presentes en Imacita, con catequistas", relata sor Teresa. "Cuando llegamos, las hermanas visitaban las comunidades, para conocer el lugar donde vivían las niñas, meterse más en la cultura, conocerla y dar pasos en la inserción e inculturación, todo eso era una gran ayuda, para una educación más contextualizada, conocer sus necesidades y dar las respuestas adecuadas en ese momento", añade.

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La educación y la formación tienen un valor muy importante en esta importante misión que realizan las Siervas de San José en esta zona de la selva peruana, donde cuentan con la colaboración y la ayuda de algunas empresas españolas. Se ha formado a promotores de salud, para que atiendan los primeros auxilios de sus comunidades, y también a docentes. Destaca el trabajo que realizan con la mujer, ofreciéndola formación en corte y confección, humana, cristiana, empoderándolas y trabajando su identidad cultural y dignificación, para que ellas sean agentes de cambio en sus comunidades.

Cristina Martín

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