Nueva estación del secuestro -verdadero viacrucis- del Papa Francisco, es decir, de la manipulación de sus mensajes, por lo demás espléndidos. Un periódico, en cuyo ideario figura el humanismo cristiano (no sé lo que es pero estoy a punto de averiguarlo), titula de esta guisa sus palabras durante la audiencia del miércoles: "El Santo Padre advierte de que 'la uniformidad mata la vida de la Iglesia'".

Y ya saben lo que se infiere de un titular tan apañado: Las caducas estructuras uniformantes y alienadoras de la curia impiden la renovación de esta Iglesia marchita y corrupta. O así, que dijo un vasco.

Y mira por dónde, se olvidaron de la imagen con la que el Papa glosó la deseable diversidad interna de la Iglesia. La de una orquesta, donde los instrumentos son muchos, distintos y plurales, pero donde todos los músicos colaboran para conseguir una única melodía, uniforme y no plural, sino singular: el magisterio de siempre. La Iglesia no puede cambiar su mensaje porque no es suyo: es de Dios.

Y Dios no cambia, entre otras cosas, porque el cambio sólo lo experimentan las criaturas que viven en el tiempo. Dios es inmutable.

Seguiremos informando del secuestro del mensaje de un gran pontífice.

Eulogio López

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