En España el coladero para abortar libremente (bueno hasta que llego Bibiana Aído, quien, directamente, promulgó el aborto libre), para matar a tu hijo aún horas antes del parto, era y es el llamado peligro para la salud psíquica de la madre. En Brasil, a partir de ahora, el coladero será el de violación. Toda mujer que alegue haber sido víctima de violencia sexual podrá abortar. Todo ello sin investigación policial, judicial o médica alguna. Basta con su palabra. Palabra letal, al parecer. Lo explica muy bien Noticias Globales.

Es decir, que doña Dilma ha perpetrado en Brasil lo mismo que Zapatero en España con la violencia de género: basta la palabra acusatoria -y probablemente mendaz- de la mujer para que sus parejas vayan al trullo. En Brasil basta la palabra acusatoria para que el matasanos trocee a su hijo. Es la historia de siempre: el verdugo que quiere pasar por víctima.

Todo esto apenas días después de la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. ¿Brasil país emergente Con estas normativas depredadoras de inocentes no lo creo. Acabará como la avejentada y mortecina Europa, que se muere por falta de vida.

¿Todo esto significa que el mercado de la muerte -siempre me he negado a llamarle cultura- sigue adelante Sí, que no en vano Julián Marías aseguraba que lo peor del siglo XX era la aceptación social del aborto. Sin embargo, insisto en que la era abortista toca a su fin. Al menos la del aborto quirúrgico y la de la manipulación de embriones humanos. Ambos son tan bestias, el primero, además, tan visible, que está próximo el día en que la humanidad se lleve las manos a la cabeza y exhale: "Pero ¿qué hemos hecho".

Por cierto, todo ello con la ironía de la retirada sincrónica de la minería, para preservar el medio ambiente. Al parecer, el medio ambiente no es suprimible, el señor del medioambiente, el hombre, sí. En la vecina Bolivia, el amigo Evo Morales reactiva el culto a la madre tierra, a Pachamama, que no sé si es buena diosa pero, desde luego, no es buena madre. A este paso, España y Portugal van a tener que re-evangelizar Iberoamérica.

Eulogio López

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