1 de enero: Jornada por la Paz pero, sobre todo, Fiesta de la Maternidad Divina de María.
El fallido quinto dogma de la Madre de Dios -María Corredentora- ha saltado a la palestra, de nuevo, cuando el cardenal argentino Víctor Fernández, el fenómeno 'Tucho', en un documento, no sólo malo, sino innecesario, lo ha vuelto a poner de moda.
Yves Congar era un teólogo dominico al que se considera el puntal progre del Concilio Vaticano II. Todavía no entiendo por qué San Juan Pablo II, cuyo Papado tenía por lema el mariano Totus Tuus (Soy todo tuyo, María) elevó al franchute Congar a la dignidad de cardenal, pero eso sólo demuestra que la paciencia de Karol Wojtyla era infinita.
Pues bien, el bueno de Congar se dedicó a "hacer toda la campaña posible" para que no se consagrara la Iglesia, en el propio Concilio, al Inmaculado Corazón de María. Eso era muy malo según el gabachúa, porque podría crear un "movimiento peligroso". Justo lo mismo que dice ahora Tucho. Es decir, que podría acabar con el proceso de desacralización de la Iglesia cuyos resultados vemos ahora y vimos en 2025.
Son dos caras de un misma moneda: negar el papel de María en la salvación del género humano y poner sordina a la Madre de Dios, censurando su actuación en pro de sus hijos.
Para el precitado San Juan Pablo II, aquel Papa que consideraba que la Iglesia era primero mariana y luego petrina, España era la Tierra de María. Así que no me pidan que no me fastidie este regateo de honores y, sobre todo, de altavoces, a la Madre del Verbo.
San Josemaría Esrivá, aconsejaba desconfiar de toda persona o institución por muy católica que parezca, que no honre a la Señora.
Por cierto, el documento sobre María Corredentora del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha sido el primer documento de importancia del cardenal Fernández con León XIV como Papa. Eso podría ser lo más preocupante.
Porque la respuesta es que León XIV busca la unidad de la Iglesia como primer objetivo de su pontificado, y esa unidad exige la censura de Santa María, habrá que recordar que la unidad de los cristianos no consiste en hallar un punto intermedio con los hermanos alejados sino que esos hermanos vuelvan a la única Iglesia verdadera.
En resumen: la Virgen María es el clavo que nos queda a los católicos en estos tiempos convulsos. Desde el Vaticano II, años sesenta del paso siglo, llevamos orillando a Santa María. Es el momento de cambiar o morir.
El 1 de enero es también la Jornada por la Paz. Y la paz es algo muy importante, sin duda, y el peligro de 2026 es la guerra, sin duda, pero me temo que no habrá paz exterior sin paz interior y me temo, también, que la obsesión europea anti-Trump no es buena para la paz.
No digo que el presidente norteamericano lo haga muy bien como negociador de paz en los cinco continentes, ha conseguido éxitos y cosechado fracasos, digo que es el único negociador de paz que nos queda.










