Me van a permitir que este domingo me refiera a mi libro, recién publicado, ¡Hasta el Cielo! Mártires de la Segunda República y la Guerra Civil, porque en el origen de este libro se encuentra Hispanidad, el periódico decano de la prensa digital, y mis lectores dominicales de La Resistencia. Así es que por aquello de que es de bien de nacidos… ¡Muchas gracias! Y ahora les explico la relación entre ustedes y este libro.
Pero antes de entrar en materia, como dijo Pepe Isbert, "os debo una explicación y esta explicación es..." a lo que dice esa línea que aparece todos los domingos debajo de mi nombre, donde se puede leer “catedrático emérito de Historia Contemporánea”. Lo de emérito está claro, solo es cuestión de años y no tiene más mérito que sobrevivir a la jubilación. Más enjundia tiene lo de la “Historia Contemporánea”, porque en rigor no existe tal cosa, ya que es un invento académico que necesita una justificación.
Admitamos, como es obligado, que el sujeto de la Historia es cada persona de carne y hueso y no ningún colectivo, como lo que dicen los marxistas de que son las clases sociales que en su lucha generan el progreso, interpretación a la que yo le di un ostentoso corte de mangas con mi tesis doctoral, que fue una biografía del ministro de Hacienda de Pascual Madoz (1805-1870), para proclamar precisamente eso, que lo de los colectivos como sujeto de la Historia es una patraña que impide conocer nuestro pasado.
Descubrimiento, por otra parte, que no es nada nuevo, porque ya estaba todo dicho en la primera pregunta y su respuesta del antiguo catecismo del siglo XIX del padre Astete:
-“Decid niños cómo os llamáis.
-Pedro, Juan, Francisco etc”.
Tal cual, porque por donde se empieza es por saber quién es uno para poder preguntarse a continuación por la existencia de Dios y del mundo. Ese el cimiento de nuestra civilización: el concepto de persona.
Pues bien, admitido ese principio, ahora viene lo segundo: no existe el hombre contemporáneo. No, no y no: está demostrado científicamente que Adán y Eva bebían el agua por debajo de la nariz, exactamente igual que nosotros, porque nuestros primeros padres tenían la misma naturaleza humana que nosotros. Por lo tanto, lo de Historia Antigua, Historia Moderna e Historia Contemporánea no se debe a que la tierra la hayan poblado seres distintos llamados hombres antiguos, hombres modernos y hombres contemporáneos… Eso solo es una parcelación del estudio del pasado, porque por nuestra limitación humana es imposible abarcar el conocimiento de tan largo periodo de tiempo como el que va desde que el hombre puebla la tierra a nuestros días.
Aunque, en honor a la verdad, tengo que decir que llegará un día en que lo conseguiremos. Ese gran logro del conocimiento histórico lo alcanzaremos, concretamente el día del Juicio Final, en el que todos conoceremos lo de todos y durante todos los siglos. Pero a lo que estamos Remigia, que además de pasarse el arroz yo he venido a hablar de mi libro.
Estaba yo engorilado durante tantos años con el siglo XIX, el reinado de Isabel II y la biografía de Sor Patrocinio, que no tenía mirada para nada más. Hasta que un día el director de Hispanidad me propuso que avanzara en el tiempo y que escribiera sobre la Guerra Civil. En conclusión, cambio de archivos, pero nuevo engorilamiento histórico con los papeles de la Segunda República y la Guerra Civil, como ustedes, queridos lectores, han podido comprobar domingo tras domingo desde hace un tiempo.
Y ahora viene lo de mi agradecimiento a los lectores de Hispanidad, porque no han sido ni uno ni dos los que me han animado a publicar en papel los artículos de los domingos, a lo que yo me he negado siempre. Un libro en el que se pega artículo tras artículo no es un libro, porque no tiene forma ni personalidad. Y ¡Hasta el Cielo! no es un coleccionable de artículos de La Resistencia.
Y en mi negativa reiterada a encuadernar los artículos, alguien me sugirió que aprovechara toda la documentación que yo tenía, porque como me dijo ese alguien en los artículos de los domingos, tú no tocas de oído, sino con partituras de archivo. Eso ya era distinto y me convenció, porque ahí sí que había libro.
Y ese ha sido el origen de ¡Hasta el Cielo!, que no lo he concebido en su confección como un libro académico plagado de notas y de discusiones historiográficas. El libro no tiene ninguna nota, ni discusiones historiográficas, es un libro de divulgación, del que ya aviso que no se puede leer de un tirón. Se lo digo por experiencia propia.
Ninguno de los cinco capítulos del libro los he podido escribir de un tirón. En todos he tenido que parar porque el emocionante ejemplo de nuestros mártires de la Segunda República y la Guerra Civil me nubló la vista con lágrimas. Su ejemplo es así de inmenso y por muy duros que parezcamos los chicos de Vallecas, al final resulta que también somos humanos, con la misma, pero es que con la mismísima naturaleza humana de Adán y Eva. Y queda avisado, por si alguien de lo que esto leyere también bebe el agua por debajo de la nariz.
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá












