Tras el aquelarre de Barcelona, alarde progresista global, a cargo del inefable Pedro Sánchez, toca destruir la Unidad Iberoamericana de Naciones, que es una reunión anual que se ha convertido en una Institución con sede en Madrid pero con muy poca influencia.
Pues bien, a Sánchez no le gusta la Hispanidad. Es más, le parece una cosa de lo más reaccionaria. Le huele a católico y así es: Hispanoamérica es la fe católica plasmada en una realidad.
Entonces es cuando el dulce Albares, Paco Martínez Soria en Nueva York, aprovechando, cómo no, la Asamblea General de la ONU, organizó un desayuno como preámbulo a la reunión iberoamericana que tendrá lugar en Madrid, en noviembre. Y el Gobierno se enorgullece de ello.
Ahora bien, resulta que a la pre-cumbre asistieron los representantes de la India, Turquía y Angola. Con todo respeto, Angola todavía puede entrar en Iberoamérica, como antigua colonia portuguesa pero... India y Turquía.
La hispanidad ha estado siempre en guerra, por catolicismo contra el panteísmo hindú, con el turco, por el choque de civilizaciones, desde Covadonga y a través de Lepanto hasta la toma de Granada.
¿Qué puñetas pintan la India y Turquía en la Cumbre Iberoamericana de Naciones?
En todo caso, Sánchez convertirá la Cumbre Iberoamericana de Naciones de noviembre, a celebrar en Madrid, en un foro a su servicio como nuevo líder mundial de la multiculturalidad, es decir, de la religión de todos los pueblos, la que adora al dios Pedro, si ustedes me entienden.