Me encanta el resumen que la propia Moncloa realiza del viaje de Pedro Sánchez a Naciones Unidas. Ojo al dato: "Semana de Alto Nivel de las Naciones Unidas". Esto promete, hablamos de alto nivel.
Pero el titular es algo más que una promesa es casi una tautología: "Pedro Sánchez defiende más diálogo, más cooperación y más multilateralismo frente a las crisis provocadas por las guerras". Si te parece, podría haber propuesto en Naciones Unidas menos diálogo y menos cooperación, así como la improvisación de un mando único para todo el planeta, a ser posible desde Pekín.
Es el lenguaje vacío de la política internacional al que nos estamos acostumbrando.
Por no olvidar, ya en pleno 'delirium tremens' lo de que "el presidente del Gobierno ha presentado a España como ejemplo de gestión económica y social frente a las crisis derivadas de los conflictos globales". Oiga, y sin despeinarse.
Ahora bien, me parece más peligroso que nuestro muy activo presidente culmine su viaje a Estados Unidos con una visita a Boston, para codearse con el estamento académico de Harvard, de mucho pedigrí, y con un broche de oro: su entrevista con la gobernadora del Estado de Massachusetts, Maura Healey. Son hermanos de leche. Con decirles que esta majadera ha tenido la bella idea de adoptar en su Estado el aborto libre hasta el momento mismo de nacimiento, tal y como propone la OMS, y su venenoso director general, Tedros Adhanom.
En definitiva, Se van a entrevistar dos almas gemelas y yo me temo que Pedro Sánchez, que pretende colocar el aborto como derecho constitucional, ahora dé un paso más y proponga la última frontera del negociado de la muerte: aborto hasta el momento mismo nacimiento.
Es el infanticidio, que posteriormente, otra fronteras, podrá alargarse, qué sé yo... ¿por qué no hasta la mayoría de edad?