El pasado martes día 8 asistí al preestreno de la película Sagrado Corazón. Su reino no tendrá fin, dirigida por el matrimonio Sabrina y Steven J. Gunell, con quienes mantuvimos un coloquio después de ver la cinta. Vaya por delante que la película gustó y fue aplaudida cuando acabó, muy recomendable ir a verla.

Sagrado Corazón llega a España precedida de un gran éxito en otros países: en Francia la han visto 500.000 personas, en Polonia 300.000 y en Italia 70.000. Desde el pasado viernes día 11 se proyecta para el público en distintas ciudades de España y en su página se pueden consultar las salas donde se proyecta.

Sagrado Corazón es una película-documental en la que hay tres narraciones diferentes que se complementan entre sí. Por una parte, están las escenas de la vida de Santa Margarita María de Alacoque, en las que se representan su vida en el convento de la Visitación de Paray-le-Monial, en la región francesa de Borgoña, una segunda narración corresponde a los comentarios doctrinales a cargo de sacerdotes y por fin una tercera donde distintos devotos del Sagrado Corazón de Jesús dan su testimonio. Comentemos cada una de estas tres partes.

La representación de la vida de Santa Margarita María de Alacoque corre a cargo de la actriz Julie Budria, tanto ella como el resto de los actores hacen un papel muy bueno, que no desentona en las pantallas de un cine comercial. El momento central de esta parte, sin duda, es la escenificación de los éxtasis, que tuvieron lugar entre los años 1673 a 1675. El mensaje de estas escenas es triple: primero Jesús muestra su corazón, que tanto ama a los hombres, en un segundo lugar Jesús muestra el dolor que siente porque su amor en tantas ocasiones no es correspondido, y concluyendo en un tercer tiempo, pide oración, reparación y la instauración de una fiesta para honrar al Sagrado Corazón.

La vida de Santa Margarita María de Alocoque en el monasterio de la Visitación no fue fácil. Sus visiones y éxtasis fueron juzgados negativamente y con recelo, hasta el punto de que sus superioras en principio los juzgaron como algo ilusorio, y lo más grave: contrarios al espíritu de la Orden de la Visitación, por lo que sus superioras hasta dudaron de que hiciera sus votos. Todo este tormento espiritual de la mística no se trata en la película, aunque se da a entender.

Los guionistas de Sagrado Corazón prefieren dar minutos en la cinta a la solución de todas estas dudas e incomprensiones, con la aparición del jesuita San Claudio de la Colombiére. Este religioso fue nombrado rector de la comunidad de jesuitas de Paray-le-Monial, cuya iglesia estaba al lado del monasterio de la Visitación. San Claudio de la Colombiére se convirtió en el confesor de las monjas y fue así como conoció a Santa Margrita María de Alacoque. La escena de su encuentro en el locutorio en la que todo queda aclarado al avalar las visiones, marca el principio de la gran difusión de la devoción al Sagrada Corazón de Jesús, en la que San Claudio de la Colombiére jugó un papel decisivo.

En la parte que es propiamente película se intercalan también escenas de la vida de Jesús, concretamente de la Última Cena y, con más realce del Calvario, cuando Longinos traspasa con su lanza el costado de Cristo y deja al descubierto su corazón, de donde brota la misericordia en forma de sangre y agua. Por supuesto, en esta escena, así como en la del descendimiento, no falta la presencia de la Santísima Virgen, acompañada de San Juan. El dramatismo de todas estas escenas está reforzado con la banda sonora, cuya música está muy conseguida.

El segundo componente de la película lo constituyen las intervenciones de una serie de sacerdotes; en esta parte es donde la cinta pasa de película a documental. Todas las aportaciones de estos teólogos son complementarias de la primera narración, la película de la vida e Santa María Margarita de Alacoque, y tienen como objetivo mostrar el encaje de lo que está sucediendo en la vida de la mística con la doctrina y la piedad católica.

Entre los sacerdotes que interviene en la película se encuentra Etienne Kern, rector del santuario del Sagrado Corazón de Paray-le-Monial. Un joven sacerdote, que rondará los cincuenta años, séptimo hijo de una familia con ocho hermanos, de los que dos son monjes trapenses y una mujer es monja benedictina.

Otro de los sacerdotes que aparecen en la película es el padre Martin Pradère, gran promotor de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Autor conocido en España, del que este verano se ha publicado su libro titulado Las tres llamadas del Corazón de Jesús. Seguir a Jesús tras las huellas de San Juan, traducido por mi admirado amigo, el infatigable Pablo Cervera.

Hay que destacar también la aparición del teólogo Matthieu Raffray, que ha sido profesor de la Pontifica Universidad Santo Tomás de Aquino en Roma. El padre Matthieu Raffray es un personaje muy activo en las redes sociales y las visualizaciones de sus videos en el canal de YouTube se cuentan por millones.

Son muchas las ideas expuestas por el grupo de teólogos, en lo que hemos llamado la segunda narración de Sagrado Corazón. Destacaremos solo un par de ellas. Si bien la devoción popular al Sagrado Corazón de Jesús arranca tras las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque en el siglo XVII, uno de estos sacerdotes acredita los precedentes de esta devoción ya en los Padres de la Iglesia y durante la Edad Media. Una segunda aportación de otro de los teólogos es la estrecha relación que guarda el Sagrado Corazón con la Eucaristía, lo que sin duda es una garantía de autenticidad de la devoción promovida por la mística de Paray-le-Monial.

Y entre las escenas históricas y los comentarios teológicos se intercalan los testimonios de personas devotas del Sagrado Corazón. Louis es un joven estudiante, afectado desde niño por una enfermedad degenerativa que encuentra toda su fortaleza en el Sagrado Corazón; Zoé es una joven deportista, triunfadora en el fútbol femenino, pero que se siente vacía y encuentra sentido a su vida cuando se siente amada por el Corazón de Cristo; o el matrimonio formado por Sylvie y Jean-Marc que reemprenden juntos su vida de fe, después de que el marido se acerca a la confesión sacramental, tras décadas de abandono…

En este tercer componente de la película, lo que más me llamó la atención fue la intervención de los descendientes del pintor francés George Desvallières, en la que cuentan la transformación personal y artística que supuso en su vida el encuentro con el Sagrado Corazón. Y en este punto la narración de los descendientes se mezcla con imágenes que recrean la vida del pintor.

George Desvallières nació en París en 1861 y al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, ya era reconocido en Francia como un pintor importante. Formó parte de los fundadores del Salón de Otoño en 1903, junto con Matisse, que dio acogida a los pintores encuadrados en el impresionismo y el fauvismo. En la película se recrea su participación en la Primera Guerra Mundial, donde estuvo al mando de un batallón en los Vosgos. Concretamente las imágenes trasmiten el dolor de George Desvallières por la pérdida de su hijo Daniel en el frente, momento en el que le consuela uno de los soldados entregándole una bandera de Francia con del corazón de Cristo.

Y en el alivio de su sufrimiento, George Desvallières hace la promesa de orientar su pintura por la temática religiosa. En 1919, junto a uno de los precursores del cubismo, Maurice Denis, fundó los Talleres de Arte Sacro, con el objetivo de renovar el arte religioso.

Representaciones del Sagrado Corazón de Jesús, pintadas por George Desvallières
Representaciones del Sagrado Corazón de Jesús, pintadas por George Desvallières

George Desvallières rompe con las representaciones relamidas del Sagrado Corazón y por la relación que esta devoción tiene con la Eucaristía, recrea en Cristo la imagen del pelícano, que se desangra a sí mismo para alimentar a sus crías. En las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús de George Desvallières, el mismo Cristo se abre el pecho con energía para sacarse el corazón, que en una de sus pinturas lo coloca sobre la bandera de Francia. Se trata de su obra Le Drapeau du Sacre-Coeur [La bandera del Sagrado Corazón], que se conserva en la iglesia de Notre-Dame de Verneuil-sur-Avre, en la región de Normandía.