La otra crisis es la crisis agrícola, la elevación artificial de precios de los alimentos en todo el mundo disimulada por la deflación que sufre Occidente-. Precisamente cuando las técnicas agrícolas permiten alimentar a cientos de humanidades, los precios de los alimentos suben. Y lo hacen por dos razones:

1. En Estados Unidos y Europa porque hemos subvencionado el abandono del campo y elevado artificialmente el precio de los productos agrícolas.

2. En el resto del mundo porque los países pobres no pueden competir precisamente con esos productos subvencionados, por lo que se produce el segundo y más peligroso abandono del campo.

Las dos normativas más desastrosas del siglo XX, que arrastra la actual centuria, son la política agraria común (PEC) de la Unión Europea y la normativa de Farm Act norteamericana: pagar por no producir. Ahora resulta que firmas occidentales optan por comprar grandes extensiones de terreno en el Tercer Mundo para producir alimentos.

En definitiva, hemos forjado un planeta urbano y nuestra estupidez ha conseguido que rebrote el hambre en un mundo que puede fabricar alimentos para, insisto, decenas de humanidades. Pero, lo de ahora no es volver al campo, sino volver a las explotaciones extensivas, propiedad de grandes fondos de inversión, no de pequeños propietarios. Vivimos la paradoja de que el capitalismo esté proletarizando el campo como antes proletarizó la industria, mientras no revive la pequeña propiedad.

A mí no me gusta.

Eulogio López

[email protected]