Hasta el momento, el líder turco Recep Tayyip Erdogan era el islamista moderado, además de aliado de España. Es decir, que se aprovechaba a gusto de la locura de Zapatero y de la cobardía de Rajoy.

Lo cierto es que Erdogan ha sido y será siempre un fundamentalista, pero entonces no convenía decirlo. Ya saben que para la prensa progre española la religión siempre es mala, pero si se trata del cristianismo hablamos de perversidad y cuando se trata de cualquier otro credo de simple necedad más o menos irracional.

Pero ahora ha venido Paco con la rebaja en forma de algaradas callejeras en Turquía. El cordero Erdogan se ha convertido en lobo y entones es cuando ha pasado a ser, para El País un líder "confesional", o sea gente irracional, de poco fiar.

Por su parte, RTVE empezó refiriéndose al conflicto interno turco como producto de un problema inmobiliario: la construcción de no sé qué edificios en un parque. Llegó un momento en que no se pudo ocultar la realidad, que suele ser bastante terca, de que los turcos protestan contra el autoritarismo de Erdogan y su deseo de casar lo incasable: islam y libertad, además de mantener y potenciar las normativas de la sharia, por ejemplo, en el consumo de bebidas alcohólicas.

Pero RTVE ya ha encontrado la forma de salir del atolladero en el que se había metido: ahora habla de conflictos religiosos. Así, en genérico, religiosos. Seguramente, el culpable de los conflictos que han provocado ya dos muertos se debe, no lo duden, a la religión. Cosa mala la religión si, además, el credo mayoritario de Turquía es, como todo el mundo sabe, el cristianismo.

Eulogio López

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