Sr. Director:

Una vez más en la prensa nacional se lee que el Crucifijo en las escuelas motiva que unos padres presenten una denuncia ante los juzgados. Todos los argumentos en favor o en contra que se pueden plantear ante dicha situación se me antojan banales, qué quiere que le diga. La intuición menos aguda apunta a un nada novedoso odio hacia Jesucristo y su Iglesia. Como se lee en el capítulo III del Discurso a Diogneto (finales del siglo II): ... pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio.

Ya ve, ni es noticia el odio a lo cristiano (y a los cristianos), ni esa ignorancia profunda del hombre por sus propios sentimientos de rechazo. Pues el hombre de hoy no soporta la libertad ni incluso la vida misma, ergo la Cruz no nos deja indiferentes sino que se ha de tomar partido en uno u otro sentido. La Indiferencia, o no saber dónde está la diferencia (con crucifijo-sin crucifijo; con raíces judeo-cristianas o sin ellas... ), de modo que todo es lo mismo o según el color del cristal con que se mira... se resuelve en los juzgados y santas pascuas. ¿Acatamos el veredicto o la liamos? Por citar a su amigo Chesterton: La afirmación de que los mansos poseerán la tierra está muy lejos de ser una afirmación mansa. Así que antes de hacer nada y sólo por prudencia, yo preguntaría al Crucificado.

César Montesinos

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