• Rosa García fracasa en su triple objetivo: impulsar la innovación, alcanzar 2.000 millones de euros de volumen de negocio y convertir Siemens en la mejor empresa para trabajar.
  • A la multinacional no le gusta que la Administración Pública no le dé contratos.
  • Además, la dirección en España ha despedido de manera improcedente a directivos con decenas de años de antigüedad sólo para salvar su prestigio y demostrar ante los alemanes que mandan en la filial con mano firme.
  • A pesar de todo, y ante la sorpresa de todos, García ha pasado de ser cuestionada a formar parte de la comisión directiva. Sus continuas apariciones en prensa han ayudado.

Rosa García (en la imagen) llegó a Siemens España en octubre de 2011, poco antes de las elecciones generales de noviembre que llevaron a Mariano Rajoy a La Moncloa. Nada nuevo, pues es el modus operandi habitual de la multinacional alemana que vive fundamentalmente de los contratos con las administraciones públicas: poner al frente de la filial española a alguien afín al Gobierno de turno. Pero llegó la crisis, y los presupuestos públicos han sufrido recortes que han afectado de lleno a Siemens. En Alemania no ha gustado nada.

Sólo cuatro meses después de asumir el mando de Siemens, en febrero de 2012, García renovó la cúpula directiva de la compañía. Perseguía un triple objetivo: impulsar la innovación, facturar 2.000 millones en 2017 y convertir Siemens en la mejor empresa para trabajar. Pues bien, algo más de un año después, la presidenta de la compañía en nuestro país cuenta los objetivos por fracasos.

Empecemos por el último. Tras el Expediente de Regulación de Empleo de 2012 que dejó a 198 empleados en la calle, Siemens prometió que no volvería a repetir la experiencia. Pero donde dije digo, digo Diego: este año prepara otro ERE que afectará a unos 300 trabajadores. Es la respuesta de la multinacional a la falta de contratos públicos.

Al mismo tiempo, directivos de alto nivel, miembros de la comisión directiva, han cobrado indemnizaciones millonarias después de denunciar a la compañía. A esto se une que la dirección en España ha despedido de manera improcedente a directivos con decenas de años de antigüedad con el objetivo de salvar su prestigio ante los alemanes y demostrar que mandan en la filial con mano firme. Como se pueden imaginar, el ambiente en la empresa es de desánimo y frustración, muy alejado del ideal para trabajar.

Otro objetivo incumplido: facturar 2.000 millones de euros en 2017. Aunque todavía quedan cuatro años hasta esa fecha, García ha dejado de hablar de ello. Ahora afirma que la meta para este 2013 es llegar a los 900 millones de euros, y en 2014 facturar 700 millones. Difícil llegar a 2.000 millones en 2017 con esas perspectivas a corto y medio plazo.

¿Y qué hay de la innovación Ya hemos comentado en más de una ocasión el modelo de negocio de Siemens: no sólo tiene su I D en Alemania, sino que produce todo en aquél país -salvo algunas migajas- para luego vendernos sus productos. Así que, de innovación, en España, nada de nada.

De todas maneras, y ante la sorpresa de todos, García ha pasado de estar cuestionada a promocionar dentro de la compañía. Ahora forma parte de la comisión directiva. Sin duda, un ascenso que se debe, en gran medida, a sus continuas apariciones en prensa, eso sí, con un discurso vacío de contenido. Lo más probable es que más pronto que tarde logre un buen puesto en otra empresa.

Pablo Ferrer

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