¿Saben aquel de los dos pijos, él y ella, que se van de crucero por el Nilo y el barco se hunde? Mientras tratan de ganar la orilla, Carmen Fúnez le dice a Ignacio Uriarte:

-¡Oigg, mira, qué detalle!, el barco llevaba flotadores Lacoste.

Este fin de semana, bajo la atenta mirada y con todas las bendiciones de don Mariano Rajoy, la presidenta saliente de Nuevas generaciones, Carmen Fúnez, cederá el testigo al presidente entrante, Ignacio Uriarte. Tanto Menchu como Nacho han desmentido rotundamente que sean pijos. Esto es lo que podríamos llamare la concusión principal de su actividad política.

Lo demás es suprimible. Es verdad que Menchu posaba en las fotos periódicos en posturas marilinmonrianas, cosa que creemos no perpetrará Nacho, pero este también ha demostrado que no es un pijo. Sin ir más lejos, se ha mostrado dispuesto a casar gays, lo cual, no me lo negarán, representa un símbolo definitivo de modernidad. ¡Te lo juro por Snoopy!

Las levas del Partido Popular están convenientemente preparadas. De una Menchu te puede salir Ana Pastor y de un Ignacio Uriarte un Eduardo Zaplana como la copa de un pino. Quiero decir que están a la última, siempre atentos a las cuestiones sociales (antes era la cuestión social, y con ello nos referíamos a la justicia social, pero ahora el concepto es cuestiones sociales, y con ello nos referimos al matrimonio gay).

Como creo haber dicho antes, Nacho no tiene nada de pijo, y tanto es así que ha prometido solucionar aquella lamentable censura por la que se retiró un cartel de Nuevas generaciones con una chica en tanga. Es más, si no se cruzan en su camino, la lamentable, afortunadamente cada día más reducida caverna troglodita del PP, no lo duden: los carteles de las novísimas Nuevas Generaciones lucirán chicas en cueros y, en pro de la necesaria igualdad otro síntoma de modernidad- tíos en pelota picada. ¡Pues bueno es Nachete! De pijo no tiene nada. De hecho, no tiene nada de nada en ninguna parte.

El PP es partido joven, con poco pasado, pero el futuro, no lo duden, se presenta formidable.

Eulogio López