Llegan más muestras del repliegue ecologista que se está dando en todo el mundo, que, aunque no supone renunciar a la transición, sí conlleva una menor velocidad porque todo lo verde es caro y tanta ecología arruina la economía. Shell se ha apuntado a esta tendencia, porque ha aminorado en los objetivos de reducción de emisiones.

El hecho de que la ecología arruina la economía ya lo piensa hasta el fondo de inversión y colonizador del IBEX 35, BlackRock, que es el mayor fondo de fondos del mundo y está dirigido por Larry Fink. El pasado verano, BlackRock insistió en que su apoyo a las propuestas de los accionistas en las juntas de empresas de todo el mundo sobre cuestiones ambientales y sociales (denominadas ESG) seguirá a la baja tras haber caído drásticamente por tercer año consecutivo. El propio Fink subrayó que lo verde es caro y lo prioritario ahora es buscar la rentabilidad: “Muchas propuestas de los accionistas eran excesivas, carecían de mérito económico o simplemente eran redundantes”.

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Al repliegue ecologista también se han unido JP Morgan y Pimco, el mayor banco de inversión del mundo y la mayor gestora de renta fija del mundo, respectivamente. Y es que ambos se han dado de baja del Acuerdo de París… y esto les ha acarreado ser criticados por la vicepresidenta ecológica de nuestro país, Teresa Ribera, como buena talibana verde que es, naturalmente.

Ahora ha sido la petrolera anglo-neerlandesa Shell la que se ha sumado al repliegue ecologista, pues ha actualizado su estrategia de transición energética, apostando por una que sea equilibrada y ordenada desde los combustibles fósiles a las soluciones energéticas bajas en carbono para mantener un suministro energético seguro y asequible. Eso sí, la compañía mantiene el objetivo de alcanzar el cero neto de emisiones de carbono para 2050. La actualización de la estrategia de transición energética recuerda el famoso trilema energético que debe haber en dicha transformación y que supone combinar sostenibilidad, seguridad de suministro y precio asequible.

Shell ha aminorado la velocidad en la reducción de emisiones al rebajar la meta del 20% en los productos energéticos vendidos, que tenía fijada para 2030, a un rango de entre el 15% y el 20%; y también ha eliminado la meta para 2035 (45%). Claro que también buscará disminuir en la misma proporción las emisiones de los clientes derivadas del uso de sus productos petrolíferos.

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La decisión de aminorar la velocidad en la reducción de emisiones llega mes y medio después de conocerse los resultados de 2023 de la petrolera anglo-neerlandesa. Recuerden que estos nos fueron del todo buenos, pues los ingresos descendieron y también el beneficio por el abaratamiento del petróleo y del gas (algo que han sufrido muchísimas otras petroleras en todo el mundo -entre las cuales están Aramco, PetrobrasCepsaRepsolYPFPemexEniGalpEquinorBPShellExxonMobil y Chevron-, excepto TotalEnergies). De hecho, Shell ganó un 54% menos no sólo por los menores precios de los hidrocarburos sino también por mayores cargos extraordinarios de deterioros y amortización, eso sí, fue más de lo que preveía… por lo que premió a inversores y accionistas con recompra de acciones y más dividendo.

La petrolera anglo-neerlandesa que dirige Wael Sawan ha destacado que “el mayor impulsor para reducir nuestra intensidad neta de carbono es el aumento de las ventas y la demanda de energía baja en carbono”. Esto pasa por vender más productos y servicios bajos en carbono, lo que conlleva desarrollar y adoptar nuevas tecnologías e infraestructura, así como políticas públicas diseñadas para fomentar la transición energética (en esto último, ya saben que hasta ahora, Europa ha optado más por regular y regular, frente a EEUU, que ha elegido decantarse más por incentivar). Shell quiere reducir ventas de productos derivados del petróleo (entre ellos, gasolina y diésel), apoyando la transición hacia la movilidad eléctrica y los combustibles con bajas emisiones de carbono (gas natural, GNL y biocombustibles, por ejemplo). Claro que las soluciones energéticas bajas en carbono conllevan elevadas inversiones: Shell prevé entre 9.142 millones de euros y 13.713 millones hasta el final de 2025. “Hoy, el mundo debe satisfacer la creciente demanda de energía y al mismo tiempo afrontar el urgente desafío del cambio climático”, ha apuntado Sawan.