Sr. Director:
Siempre que se acercan unas elecciones y los grandes partidos con sus seductores e incumplidos programas nos aconsejan el voto útil, bajo el consabido argumento del mal menor, recuerdo un cuentecillo de inquietante final. Había un hombre que fue secuestrado por unos facinerosos que lo abandonaron en una isla y cada cuatro años le visitaban obligándole a elegir entre dos opciones, una peor que otra. Como nuestro hombre, pese a todo, conservaba cierta sensatez, tras serenas reflexiones siempre optaba por la menos dañina, aplicando el principio del mal menor. Así, cuando la primera vez le ofrecieron sacarle los dos ojos o sacarle solo uno, nuestro hombre eligió esta opción, quedando tuerto a partir de entonces. Transcurridos cuatro años, nuevamente se presentaron en la isla los visitantes, obligándole esta vez a elegir entre sacarle el ojo que le quedaba y además arrancarle la lengua, o sólo sacarle el ojo; ante lo que nuestro prudente hombre volvió a elegir, lógicamente, la segunda opción.
Después de sucesivas visitas de sus «benevolentes» proponentes, nuestro hombre acabó en la isla como era previsible: sin ojos, sin lengua, sin orejas, sin nariz, sin brazos y sin piernas. En sus interminables reflexiones se preguntaba por qué extraña razón, pese a que sus elecciones siempre fueron guiadas por el sabio principio del mal menor, había acabado hecho una croqueta humana y rebozándose sin rumbo por las tristes arenas de aquella isla.









