“Es que los mártires de los que usted escribe recibieron una gracia especial…”. Esto es lo que me comenta uno de los lectores, con el que no puedo estar más de acuerdo en lo de la gracia especial; sin embargo, lo que conviene aclarar es lo del “es que”, para saber de qué estamos hablando.
En efecto, lo que dijo el Señor de que “sin Mí no podéis hacer nada”, según mi opinión debe querer decir que sin la ayuda del Cielo no somos capaces de hacer “nada bueno”, porque para hacer fechorías, a nosotros solitos nos basta y nos sobra, sin ayuda de nadie. En conclusión, para hacer cualquier obra buena por pequeña que sea necesitamos una gracia celestial, pera para dar la vida en defensa de la fe, por aquello de que la cosa tiene una dificultad especial, es lógico que se necesite una gracia especial. Y ya me disculparán los entendidos por mi Teología de andar por casa.
Y ahora vamos al “es que”. Si por ese dichoso “es que”, se quiere decir que los mártires llevaban una vida cristiana no digamos que pecadora, pero un tanto relajadita, y cuando vinieron los rojos a por ellos les cayó del cielo una gracia tan especial que de repente y como por arte de magia se convirtieron en mártires… Pues con esta interpretación no puedo estar de acuerdo.
En las consultas que he hecho en los archivos, además de los últimos momentos de la vida de estos mártires, he visto también cómo eran sus vidas antes del martirio, y lo que he comprobado por decirlo metafóricamente es que, así como a los artistas la inspiración les coge trabajando, la vida de los mártires prueba la máxima religiosa que aprendimos en la catequesis de que “se muere como se vive”. Y luego están las excepciones, que también las debe haber, pero son muy pocas.
Y por aquello de zapatero a tus zapatos, dejo a un lado mi Teología de barrio, y voy probar lo que he dicho con la Historia, contando la vida y la muerte de tres laicos de Almería, que murieron el mismo día y de la misma forma, después de llevar una vida tan coherente, en la que se jugaron su carrera profesional y hasta su patrimonio.
La primera saca de presos asesinados en Almería tuvo lugar la noche del 14 al 15 de agosto de 1936. Fueron en total 28 víctimas, que salieron de las bodegas del buque-prisión Capitán Segarra y fueron fusilados en la playa de La Garrofa, situada a poco más de 4 kilómetros de Almería. Para deshacerse de los cadáveres, sus asesinos los ataron y los remolcaron mar adentro con una lancha, donde les soltaron con lastre. Pero fuera que no ataron bien los lastres o que se soltaron por cualquier causa, lo cierto es que a los pocos días el mar devolvió los cadáveres en la playa del Zapillo, lo que causó una gran impresión en la ciudad, hasta el punto que durante unos días los almerienses se negaron a comprar pescado en el mercado. Ante tan macabro espectáculo, escondieron los cadáveres a toda prisa en una fosa, de donde fueron exhumados el 1 de junio de 1939, para recibir cristiana sepultura en el cementerio de San José, donde una placa recuerda el nombre de todos ellos.
En la saca de la playa de La Garrofa no había ningún sacerdote, pero había tres laicos que han sido beatificados: Fructuoso Pérez Márquez, director del periódico católico La Independencia y afiliado a la Comunión Tradicionalista, Luis Belda y Soriano de Montoya, abogado del Estado, miembro de la Asociación Católica de Propagandistas y afiliado a Acción Popular, partido fundado por Ángel Herrera Oria e integrado en la CEDA, y Juan José Vivas-Pérez-Bustos, un farmacéutico que destinó buena parta de su patrimonio a obras de caridad.
El beato Fructuoso Pérez Márquez había nacido en Almería en 1884 y tenía una sólida formación en Filosofía y Humanidades, además de ser un reconocido músico. Formó una familia con María Barceló Toro, con quien tuvo cuatro hijos. Hombre de profunda fe, la trasmitió a su hogar cristiano, en el que todos los días se rezaba el Rosario. Su religiosidad la encauzó a través de los terciarios dominicos.
Profesionalmente se dedicó al periodismo y llegó a ser director y copropietario del diario La Independencia, órgano oficioso de la Comunión Tradicionalista. Al proclamarse la Segunda República, Fructuoso Pérez Márquez no se escondió y publicó lo siguiente en La Independencia: "Somos quienes éramos. Estamos donde estábamos. En primer término, católicos, apostólicos, romanos. Nuestra actuación, con Monarquía o con República, será en adelante lo que ha sido hasta hoy; por encima de todas las cosas, Dios y la Iglesia, cuyas doctrinas y mandatos acatamos ciegamente".
En 1932 La Independencia sufrió uno de los muchos ataques que padeció la prensa en la Segunda República y le cerraron el periódico durante un mes. Y a pesar de la falta de ingresos por la venta de periódicos y la publicidad, su director se las apañó para pagar a todos los trabajadores. Tras su reaparición no se arrugó y publicó lo siguiente: “Sin que se tome a arrogancia, podemos decir que no habrá fuerza humana capaz de hacernos cambiar de rumbo, contando con el auxilio de Dios a quien consagramos nuestros trabajos, nuestros intereses y la propia vida”.
Al beato Luis Belda y Soriano de Montoya los partidos del Frente Popular no le perdonaron que se presentara a las elecciones de 1936. “Perro de presa del obispado y del Vaticano, o deja usted la política o le quitamos el destino”
Solo la prisión y el asesinato de Fructuoso Pérez Márquez acabaron con La Independencia. Los socialistas de la UGT incautaron la maquinaria y lanzaron con ella un nuevo periódico titulado Adelante. Se apropiaron de todos sus bienes incluidas las motos con las que La Independencia repartía los periódicos, y las convirtieron en carros con ametralladoras. La libertad de prensa del socialismo tiene estas manías...
El beato Luis Belda y Soriano de Montoya nació en Palma de Mallorca en 1901. Los que le conocieron, siendo estudiante, afirman que asistía a la Santa Misa y comulgaba a diario, rezaba el rosario y los domingos visitaba a los pobres. Pertenecía a la Adoración Nocturna, las conferencias de San Vicente de Paul y Asociación Católica de Propagandistas.
Tras cursar su carrera ganó las oposiciones de Abogado del Estado de Almería. Se casó con Josefina Alberti Merello, hermana del poeta Rafael Alberti. Por la confianza que en él tenía el obispo de Almería le nombró asesor de la diócesis, por lo que nunca cobró ni un céntimo. Impartió numerosas conferencias en la provincia, comentando la encíclica de Pío XI Casti Connubii. Pero lo que no le perdonaron los partidos del Frente Popular es que se presentara a las elecciones de 1936. “Perro de presa del obispado y del Vaticano, o deja usted la política o le quitamos el destino”, en estos términos le amenazaron. Y vaya que si lo cumplieron, no solo le separaron del destino, sino también le echaron de la casa que ocupaba, de manera que su familia se quedó en la calle. Solo faltaba quitarle la vida, eso ocurrió la noche del 14 al 15 de agosto de 1936.
El beato Juan José Vivas-Pérez Bustos era hijo de un reconocido farmacéutico de Almería que había fundado en la ciudad una Escuela Reformatorio, dos escuelas del Ave María, el comedor de la Tienda Asilo y el diario católico La Independencia, al que nos hemos referido.
El beato Juan José Vivas-Pérez Bustos, antes de morir acribillado a balazos, pronunció estas palabras: “He vivido como cristiano y por cristino me matáis. Para Dios nací y para Dios muero ¡Viva Cristo Rey!
Juan José Vivas-Pérez Bustos, cursó la carrera de Farmacia en la Universidad de Granada y continuó la tradición profesional de la familia y mantuvo las fundaciones que había hecho su padre. Pero fue el mantenimiento del ideario católico de La Independencia, que defendió como copropietario, lo que le llevó primero a la cárcel y después a la muerte. Un testigo que le vio morir en la playa de La Garrofa nos ha trasmitido sus últimas palabras, antes de que le acribillaran a balazos:
“He vivido como cristiano y por cristiano me matáis. Para Dios nací y para Dios muero ¡Viva Cristo Rey!
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá










