"¿Cómo no voy a ser desagradable si la gente es idiota?". No es una cita filosófica pero me lo comentó una amiga y me ha dado que pensar. No en la cita, claro, que se queda en simple muestra de soberbia puñetera sino en la cantidad de gente que ha perdido la paciencia, y, con ella, la humildad. ¿Cuántos no repetirían esa copla con lo que los antiguos llamaban asentimiento pleno? A lo mejor es la crisis. O el 12 del 12 de 2012 que, como todo el mundo sabía, era la fecha fijada para el fin del mundo.

Pero lo que es claro es que se echa en falta la virtud de la paciencia con la humanidad, la justicia con los demás, la templanza en el trato y de la fortaleza de ánimo, que es la que posee la gente que sonríe. Vamos fatal de virtudes cardinales. Y eso es grave.

El ánimo alterado por la impaciencia se deja notar en la vida privada, pero también en la pública. Es más importante la privada, ciertamente, pero en el fondo no es que haya crispación, es que la crispación se ha convertido en hábito. Da igual que hablemos de política, de economía o de cultura. Y no es que España sea un país crispado. Me temo que la humanidad entera anda crispada porque anda desesperanzada. Y no hay programa político que pueda arreglar eso. La paciencia sólo se consigue a partir de esperanza, y la única esperanza que conozco es la esperanza que trae la misericordia de Cristo.

Y hablando de desesperanza… la NASA ha tenido la delicadeza de informarnos de que el mundo no se acabó el día 12 y tampoco se acabará el 21 de diciembre. Claro que la muy científica y tecnológica agencia aeroespacial norteamericana basa su empírica conclusión en el irrefutable hecho de que no se percibe ningún asteroide disidente acercándose  a la tierra con aviesas intenciones.

La verdad es que ni el fin del mundo ni el fin de la civilización -que son dos cosas bien distintas- tienen que estar relacionadas con ningún cuerpo sideral.  El origen de cualquier final de etapa siempre estará en el hombre, que es el único ser libre que puebla la galaxia. En cualquier caso, gracias por el aviso, pero yo sigo confiando más en el Evangelio que en las informaciones de la NASA. Entre otras cosas, porque el último asteroide cachondo que pasó cerca de la órbita terrestre fue descubierto con 15 horas de antelación y los astrónomos equivocaron su órbita.  

Eulogio López

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