Sí, es verdad: Juan Rosell, un hombre que no ha conseguido entrar en Madrid -y probablemente no sea suya la culpa- se ha visto forzado a endurecer su postura negociadora y ha roto las negociaciones con los sindicatos.

Ciertamente. ¿Forzado por quién? Ya lo hemos explicado: por los grandes empresarios, en concreto por las 17 empresas que componen la patronal de verdad, es decir, el Consejo Empresarial para la Competividad (CEC), en concreto, sus tres líderes, César Alierta (Telefónica), Isidro Fainé (Caixa) y Emilio Botín (Santander), muy especialmente este último.

A ver si nos entendemos: la reforma de negociación colectiva es una reforma importante pero la reforma laboral con mayúsculas es que el empresario pierda el miedo a contratar, es decir, el despido libre, o despido subjetivo, si le tenemos miedo al término más claro. Eso es lo que ha exigido Rosell a última hora y el cambio es bueno. Y eso es lo que quiere el Gobierno, mientras no parezca que lo quiere, pues no está bien que el PSOE aparezca como promotor del despido libre, oiga usted. En el universo del tópico, esa postura no hace socialista.

Ahora bien, insisto: lo que no resulta admisible es que se imponga el despido libre sin la contraprestación de una subida del salario mínimo interprofesional (que indicia el resto de las retribuciones) en un país en el que se cobra poquísimo en comparación con nuestro entorno y en el que el consumo privado anda deprimidísimo.

La buena gente quiere salarios dignos, no subvenciones amplias. Sólo los vagos están dispuestos a vivir del subsidio.

El otro factor para crear empleo es reducir los impuestos laborales, impuestos altos en España, sobre todo las cuotas, que han elevado la economía sumergida hasta el 21,5% y que podría alcanzar el 24%. Y como ZP ha hundido las cuentas del Estado y vivimos en una sociedad envejecida, incapaz de tener hijos, futuros contribuyentes, y donde las clases activas no pueden soportar el coste de las pasivas, la única salida es que la reducción -¿por qué no supresión?- de cuotas se compense con una subida del IVA.

Esta es la reforma laboral que funciona. Por cierto, quienes la poseen son los países europeos donde existe menos paro, con Reino Unido como ejemplo. Ojo, reparen en que, en el otro escenario económico, el del déficit y la deuda públicos, Inglaterra anda peor que España. Gran Bretaña soporta una deuda del 80% frente al 60,1% de la España. Lo mismo ocurre con el déficit fiscal. Los ingleses cerraron 2010 con un 10,4%, mientras España lo hizo en el 9,2%. Por contra, el desempleo en el Reino Unido se sitúa (febrero) en el 7,6% frente al 20,5%  de España.

El Reino Unido ha sufrido la crisis en su economía financista, ferozmente especulativa, pero la ha sufrido el Estado, no los ciudadanos, en forma de paro, como ha ocurrido y ocurre en España.  

Eulogio López

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