El intento de Cebrián para regalarle PRISA a Carlos Slim acelera el proceso de deslocalización

 

Repaso al oligopolio mediático. Dejemos a un lado lo de RTVE, que es pública, aunque se ha convertido en la mayor lavadora de cerebros para audiencias indefensas y la mayor máquina de manipulación al servicio del gobierno Zapatero. Es pública, cada vez nos sale más cara pero, al menos, es un órgano de información importante en manos españolas.

Luego está PRISA, el mayor multimedia de España, que por su soberbia se endeudó hasta la quiebra y ahora está pendiente de desguace, según los intereses del fondo de Liberty. Como a Liberty lo único que le importa es el dinero, resulta que Juan Luis Cebrián busca desesperadamente capital en México, en concreto en Carlos Slim. Y esto, no para relanzar el Grupo sino para trocearlo y quedarse con El País y la SER, quizás sólo con el primero.

Ya se han perdido Tele 5 y Cuatro, hoy en manos de Silvio Berlusconi, que vuelca en España toda la telebasura que no se atreve a volcar en Italia, sin que allí tampoco sea lo que se dice una televisión familiar.

Unedisa (El Mundo, Expansión y Marca) está en poder de los italianos de Rizzoli, que se han tragado una deuda de 1.000 millones de euros para soportar un grupo que hace aguas.

Vocento está en pérdidas, aunque con menos deuda pero achicando agua como puede.

Queda Planeta, el más sólido, propietario de A-3 TV, Onda Cero y La Razón, pero no olvidemos que en el buque insignia, A-3 TV, figuran los alemanes de Bertelsmann y que el socio de referencia, José Manuel Lara, tiene que repartir mando con los italianos Agostini.

Mediapro-La Sexta-Público, un grupo que nació y vive gracias a los favores del Gobierno Zapatero, es un negocio artificial obligado a ser absorbido por otro más grande, previsiblemente por La Sexta.

¿Queda algún grupo mediático español? O eso, o reglárselo a los mexicanos de Televisa, que están hartos de poner dinero para no cosechar influencia alguna y sí muchas pérdidas.

Miriam Prat

[email protected]