Un familiar ha viajado por Kenia de vacaciones para pasar una temporada con los Massai. Interesante. Es la típica tribu que despierta los sentimientos más bucólicos por parte del personal tópicón eco-progre de Occidente.

Por eso me han sorprendido los siguientes rasgos que me relata. Por ejemplo, uno, les pide una foto de recuerdo y se muestran bien dispuestos con el turista, sólo que, al final, te exigen cinco dólares en concepto, supongo, de derechos de imagen. Al parecer, es la tarifa turística que aplican a sí mismos en calidad de curiosidad exótica. Por ahora, no confían en el euro.

El hombre en un ser moral y sin progreso moral el progreso material se convierte en barbarie progresista

El guía turístico llevó a mi pariente al jefe de la tribu, quizás pluriempleado como brujo de la misma. La ceremonia resultaba impresionante. A buen seguro, habría inspirado al bueno de Jean-Jacques Rousseau. Una sesión entre buenos salvajes.  Desgraciadamente, algo rompió el aura: un viejecillo massai despistado destrozó el encanto del momento cuando dejó sonar su móvil con la sintonía de los vigilantes de la playa. No estaba en modo silencio. Pero supo pedir disculpas como un yupi cualquiera de Azca.

El código de los massai es muy estricto. Piden dólares, ciertamente, pero la verdadera moneda de cambio son las vacas. Y así, cuando un massai quiere cometer adulterio con la señora del vecino acude a su casa -a la de la señora del prójimo- en ausencia de su pareja y coloca unos cuernos, -de vaca, por supuesto- a la puerta. Algo así como el "no molestar' de los hoteles, con el complemento de una lanza clavada en la puerta. Se avisa al cornudo pero este no se inmuta en absoluto. Sencillamente, espera el final del proceso y seguidamente, cuando sale el adúltero, negocia con él el pago por el servicio. Recuerden que una mujer puede valer hasta dos vacas, lo cual supone que los massai valoran en mucho a la mujer, así como el compromiso de pareja. Nada de crímenes pasionales, son gente civilizada.

No me invento nada: lo cuento como me lo han contado. Y esto me lleva a lo de pobres tecnológicamente avanzados, que es algo parecido a como Chesterton definían a los alemanes, que no le caían muy simpáticos: "bárbaros tecnológicamente avanzados". Lo que nos lleva a una conclusión aún más relevante: el hombre en un ser moral y sin progreso moral el progreso material se convierte en barbarie progresista. O sea, lo de los progres. Porque la moral no es una cuestión de normas sino de justicia y de caridad (eso que se llama amor). 

Eulogio López

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