En Valladolid los indignados insultan a  los vigilantes de seguridad de las zonas donde acampan, con el bonito apelativo de terroristas.

En Valencia entran por la fuerza en entidades bancarias. En Madrid reparten condones. En Bilbao piden una Euskadi libre, se supone que de españoles. En la red venden pacifismo superficial e internacionalismo sin meta. Y todo ellos entienden por democracia real la democracia asamblearia, y en lugar del voto en blanco propugnan la abstención, es decir, el voto de los vagos y antidemócratas.

Insisto, un movimiento como el 15-M, de noble cuna, al que en Hispanidad hemos aplaudido por apuntar bien (aunque hayan disparado mal, probablemente por falta de información sobre el funcionamiento de los mercados) hacia la causa de la crisis -que no es otra que la especulación financiera- se ha sido secuestrado en pocos días, por el mariachi habitual de izquierdas mezcolanza de abortistas, feministas, ecoloverdes, comecuras con añadido imprescindible del lobby gay.

Una pena y una estafa. Era previsible pero no deja de ser triste: el 15-M se diluirá a pesar de su éxito tremendo. Lo importante ahora es que los políticos, al menos, se hayan asustado un poquito y se piensen el movimiento durante 15 minutos.

Eulogio López

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