"Las almas que veneran y ensalzan la misericordia de Dios son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en Tu Misericordia y unidas a ti cargan sobre sus hombros a toda la humanidad". (Punto 1225 del Diario de Faustina Kowalska").

Para ser dulce hay que ser fuerte. Para la aspereza sirve cualquiera. Ejemplo humano que nos lleva al poder de la Misericordia de Dios, poder infinito del que se aprovecha el hombre recio, es decir, clemente con los demás, especialmente con los suyos, a imitación del Creador.

Pero hay más. Punto 1572 del Diario: Es Cristo quien habla a Faustina Kowalska: "Te recuerdo hija mía que cada vez que oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en mi misericordia, adorándola y glorificándola… En esa hora puedes obtener todo lo que pidas para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija mía, en esa hora procura rezar el viacrucis, en cuanto te lo permitan los deberes. Y si no puedes rezar el Viacrucis entra un momento en la capilla. Y si no puedes entra en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante".

A las 15,00 expiraba en la cruz el Dios encarnado. Una hora especial, donde los devotos de la Divina Misericordia acostumbran a rezar la Coronilla de Santa Faustina, (un rosario corto donde se repite la jaculatoria "Por su dolorosa pasión ten misericordia de nosotros y del mundo entero) sobre el cual Dios ha prometido su gracia".

La Divina Misericordia ha sido un regalo de Dios a los hombres, como "última oportunidad" antes que llegue la era de la justicia.

Y más. Punto 1702. Palo a sacerdotes y religiosos. Palo muy fuerte. Estamos en el periodo de entreguerras no lo olvidemos. Palo al cura, y gordo, en las revelaciones privadas a Santa Faustina: "Permitiré destruir los conventos y las iglesias. El amor ha sido expulsado de los conventos. Almas sin amor y sin devoción, almas llenas de egoísmo y de amor propio, almas soberbias y arrogantes, llenas de engaños y de hipocresía, almas tibias que apenas tienen calor suficiente para mantenerse vivas. Mi corazón no puede soportarlo. Todas las gracias que derramo sobre ellas cada día se resbalan como sobre una roca. No puedo soportarlas porque no son ni buenas ni malas".

Y es que Dios no soporta la tibieza, especialmente entre sus elegidos. El amor da vida o muerte, decían los clásicos, pero el tibio está muerto en vida.

Si me está leyendo algún vaticanólogo seguro que habrá pensado en la famosa curia vaticana, la cuna de todos los males que en el mundo han sido. Ahora bien, de esa desviación no tiene culpa Santa Faustina, sino los vaticanólogos y las anteojeras de los vaticanólogos.

Bromas aparte, la advertencia es muy clara: nada peor que la tibieza, la que provoca el vómito de Dios. (En la imagen, el cuadro de Jesús Misericordioso, situado entre las imágenes de la Virgen de Caacupé (Paraguay) y de San José con el Niño, en el Santuario diocesano de la Divina Misericordia de Madrid).

Eulogio López

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