• Es lo que hace el BCE para facilitar la financiación de las empresas, pero también estrangulando los márgenes de la banca.
  • La Reserva Federal se plantea lo mismo: comprar deuda de las empresas y otros activos no gubernamentales.
  • Los cuatro bancos centrales están comprando en deuda 180.000 millones de euros al mes de deuda; el 0,6% de PIB español al día.
La decisión de subir los tipos de interés en EEUU no será la única arma en la política monetaria de la Reserva Federal americana. Las pistas que dio en ese sentido su presidenta, Yanet Yellen (en la imagen) eclipsaron cualquier otro mensaje desde Jackson Hole, la reunión anual de banqueros centrales en la montañosa Wyoming. Les recuerdo: empezó el jueves y finalizó el sábado. La frase de Yellen que corrió como la pólvora fue esa de "creo que las condiciones para un incremento de los tipos de interés se han reforzado en los últimos meses".  Pero las discusiones entre los banqueros dieron de sí mucho más. Y entre éstas, destaca el hecho de que la Reserva Federal se plantee también la compra de deuda corporativa, la de las empresas. Engordar todavía más, en otras palabras, el océano de liquidez. Es la misma herramienta que está utilizando en Europa Mario Draghi, presidente del BCE. ¿Cuál es el problema de esa política? Doble: por un lado, el manguerazo en sí creado con la compra de deuda bancaria, para facilitar así que las entidades remediaran -mediante concesión de créditos-, el problema de financiación de las empresas. Baste un dato para hacerse una idea: entre los cuatro bancos centrales (Fed, Banco de Japón, BCE y Banco de Inglaterra) están comprando deuda a un ritmo de 180.000 millones de euros al mes. Es el 1,8% del PIB anual de España. Y lo pueden ver de otro modo: entre los bancos centrales están comprando el equivalente al 0,6% de PIB español cada día. Pero como los bancos, con todo, no daban crédito a las empresas en condiciones (sí, pero a un crédito del 5%, no del 2%), el BCE presionó a la banca con un paso más: comprar también deuda de las empresas (corporativa). Pero el efecto de esa política ha sido el estrangulamiento de los márgenes de la banca. Más con intereses en mínimos históricos próximos al 0%. Las empresas ya no acuden a los bancos, sino al BCE. Es lo mismo que ahora se plantea en EEUU. Para subir los tipos -en septiembre, lo más probable-, la Fed se apoya en la solidez del mercado laboral americano y otros indicadores económicos, pero se plantea también ¿qué pasaría si aparece de nuevo el fantasma de otra recesión? Es en ese escenario cuando se plantearían las nuevas medidas, desde revisar el objetivo de inflación a comprar bonos corporativos y otros activos no gubernamentales. Pero eso llegaría a la arena política y necesitaría el visto bueno de Congreso. No hay que olvidar el escepticismo que generaron entre los norteamericanos las medidas aplicadas por la Fed entre 2007 y 2009, sobre todo por la compra de bonos. Parecía una gran medida, pero ha sido muy cuestionada por los legisladores. Es la razón por la que el presidente de la Fed de Atlanta, Dennis Lockhart, se hizo eco de las dudas entre sus colegas de que sea una medida en la buena dirección. Prefieren, en cambio, que la Reserva Federal mantenga su balance donde está, que ya pesa lo suyo por la política anterior (4,5 billones de dólares) o lo vaya reduciendo progresivamente, con la inflación controlada. Es la opción defendida, por ejemplo, por  Simon Potter, jefe de mercados de la Fed de Nueva York. Otras nuevas herramientas de política monetaria que se discutieron en Jackson Hole fueron que la Reserva Federal tome el control de los mercados de deuda a corto plazo o suprimir el efectivo para permitir los tipos de interés negativos. Sin embargo, Yellen no dio ninguna pista en ese sentido. Miriam Prat [email protected]