La noche del 23 al 24 de agosto, más de 47 personas fueron asesinadas por bandas armadas en Kenscoff, una localidad haitiana cercana a Puerto Príncipe. El ataque se prolongó durante varias horas. Durante aquella «noche del terror», grupos violentos atacaron una iglesia evangélica que acogía a personas desplazadas por la violencia. El templo se encuentra en Kenscoff, una localidad de unos 50 000 habitantes situada en las montañas cercanas a la capital, Puerto Príncipe. Además de las víctimas mortales, hay varias decenas de heridos y desaparecidos.
En un comunicado publicado el 25 de agosto, titulado «¡Basta ya de masacres!», Monseñor Pierre-André Dumas, obispo de la diócesis de Anse-à-Veau-Miragoâne y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Católica, instó al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé y a su Gobierno a actuar de inmediato para proteger a los haitianos: «Señor primer ministro, llega un momento en la historia de una nación en el que guardar silencio se vuelve moralmente imposible».
«Ese momento ha llegado. Ya no podemos conformarnos con comunicados de prensa tras las masacres. La seguridad de la población no es un favor que concede el Estado: es una de sus obligaciones fundamentales», escribe el prelado.
Unas líneas más adelante, se pregunta: «¿Cuántas muertes más harán falta para que la protección de la vida humana se convierta en la prioridad absoluta del Estado haitiano? Haití no puede convertirse en un enorme cementerio. Ha llegado el momento de actuar».
Mientras, en Nigeria, una vez más, los obispos piden, el fin de las masacres, como la más reciente, de 47 ciudadanos inocentes o el brutal secuestro de más de 60 fieles de una mezquita en Borgu.
Se trata de casos no relacionados entre sí: en el caso de Borgu, las sospechas recaen sobre militantes yihadistas, mientras que los ataques de Ukum han sido atribuidos a bandas armadas de pastores fulani.
«El reciente y brutal secuestro de más de 60 fieles de una mezquita en Borgu, en el estado de Níger, y la terrible masacre de 47 ciudadanos inocentes, en la que 17 personas resultaron gravemente heridas, en Ukum, estado de Benue, representan un agravamiento de la seguridad. Ya sea en una mezquita, en una iglesia, en un mercado o en la tranquilidad de sus hogares, los nigerianos siguen siendo masacrados, traumatizados y desplazados con total impunidad», escribieron los obispos, en un comunicado enviado a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).
Aunque a menudo se habla de la violencia en Nigeria en términos de enfrentamientos entre musulmanes y cristianos, en el caso de Borgu tanto los atacantes como las víctimas eran musulmanes. En su comunicado, los obispos quisieron expresar expresamente su solidaridad con las víctimas: «Nos solidarizamos firmemente con nuestros hermanos y hermanas musulmanes del estado de Níger y de toda Nigeria, y rezamos por la liberación inmediata y segura de los 60 fieles secuestrados. Un ataque contra cualquier lugar de culto es un ataque contra nuestra humanidad común».
Los prelados hicieron un llamamiento directo a los responsables de los atentados, pidiéndoles que se arrepintieran y abracen la paz: “A los bandidos, terroristas, secuestradores y a quienes los patrocinan, les suplicamos: ¡detengan el derramamiento de sangre! La vida humana pertenece únicamente a Dios y ninguna causa justifica esta crueldad. No se puede construir un futuro sobre las lágrimas de personas inocentes. Les pedimos que depongan las armas, se aparten del mal y respeten la sacralidad de la vida humana antes de que el juicio divino los alcance”.
Y desde Jerusalén, a través de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), nos llega la noticia de que la Secretaría General de Instituciones Educativas Cristianas de Jerusalén anunció oficialmente la suspensión de las actividades escolares en sus escuelas a partir de este martes 1 de septiembre. Tomaron la decisión debido a la no renovación de los permisos de entrada en la ciudad para más de 70 profesores y miembros del personal. Su ausencia dificulta no solo la enseñanza, sino también los servicios administrativos, técnicos y sanitarios, afectando a más de 8.500 estudiantes.
En este contexto, el hermano Daoud Kassabry, director del Collège des Frères de Jerusalén, ha enviado una declaración enviada a ACN advirtiendo sobre las consecuencias de esta situación para los estudiantes, las familias y el futuro de la presencia cristiana en Tierra Santa. «El inicio del curso escolar debería ser un momento de alegría, reencuentros y esperanza. Sin embargo, para las escuelas cristianas de Jerusalén, el comienzo del año académico 2026-2027 viene marcado por una nueva crisis».
Las escuelas cristianas de Jerusalén acogen tanto a estudiantes cristianos como musulmanes. Son lugares donde se aprende el respeto mutuo, algo especialmente importante en una ciudad cuyas comunidades viven frecuentemente divididas. En el Collège des Frères de Jerusalén, esta misión está arraigada en una historia de 150 años.
Para los cristianos, estas escuelas representan además un elemento esencial de su presencia en la Ciudad Santa. Una familia necesita poder trabajar, pero también ofrecer a sus hijos una educación estable y de alta calidad. Cuando estas dos condiciones se ven amenazadas, la posibilidad misma de permanecer en Jerusalén también puede verse comprometida.