Un portavoz de la Comunidad judía española me lo explica con estas palabras: No te empeñes. Irán es un problema para Israel, pero no el más preocupante. Nuestro principal problema es la disminución de la población judía en el mundo.

Los famosos 15 millones se han convertido en un tópico. Ahora, como mucho no llegaremos a los 13 millones en todo el mundo.

El jueves 1 estaba prevista la reunión en Ginebra entre Irán y el 5 1: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia más Alemania. El ambiente en Israel es doble: por una parte, se preparan los planes de ataque por si Obama les dejara tirados, una hipótesis cada vez más plausible. Las sanciones al Régimen de Teherán pueden ser muy duras pero difícilmente resultarán decisivas. Por otro lado, la nueva tecnología, y lo que Irán aprendió del ataque a Iraq en 1991, complica mucho el raid. Ni aún con las llamadas bombas atómicas pobres, puede asegurarse una destrucción total: baste que se te escapen unas centrifugadoras para que hay que volver a empezar. Además, la locomoción del misil corre a cargo de Corea del Norte y no se puede atacar a Irán y a Corea.

Con todo, el principal problema de Israel es el mismo de Europa y de todo Occidente, una civilización que muere por consunción, en sentido estricto, por falta de vitalidad, por incapacidad para tener hijos. Lo mismo ocurre a los judíos. En Israel se mantiene la tasa de natalidad por encima del nivel de reposición, pero en Israel habitan unos seis millones de hebreos (sin contar los árabes israelíes). En la diáspora, por el contrario, no se alcanza ni de lejos, la tasa de reposición (2,1 hijos por mujer en edad fértil). Y sin personas, no hay nada: ni espíritu, ni patria, ni recursos, ni objetivos. El cansando vital del pueblo elegido: ese sí es el principal problema de ese pueblo de historia irrepetible llamado Israel.

Eulogio López

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