Decíamos, en más de una ocasión, que España va camino de cometer el mismo error que Alemania si cierra sus centrales nucleares. Es algo en lo que insisten la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pero deberían escuchar al canciller alemán, Friedrich Merz, que ve como “un grave error estratégico” el fin de la nuclear en Alemania.

 

Recuerden que Aagesen insiste en su ‘locura’ climática y en su cerrazón antinuclear, pese a que los reactores españoles son la segunda fuente de generación eléctrica de España y producen ¡sin emitir CO2! Por ahora, mantiene el cierre progresivo pactado en 2019, y señala que las propietarias han pedido la prórroga sólo para la central de Almaraz, eso sí, su Ministerio no se pronunciará hasta que se conozca el informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Eso sí, continúan llegando advertencias sobre lo que supondrá el cierre de las nucleares (la penúltima desde Deloitte sobre el impacto en los costes energéticos de la industria) y peticiones de prórroga desde múltiples voces. Advertencias que Aagesen y Sánchez prefieren eludir… De hecho, este último reafirmó su apuesta por las energías renovables y el cierre de las nucleares al clausurar el Spain Investors Day, señalando que nuestro país cuenta con los precios de la energía más competitivos gracias a las renovables, olvidando que en esto también contribuyen, y mucho, las nucleares… y olvidando también que Ditte Juul Jorgensen, directora general de Energía de la Comisión Europea, pide a España rebajar los impuestos de la luz.

Tanto Aagesen como Sánchez deberían escuchar más al canciller alemán Friedrich Merz, que ha señalado que “fue un grave error estratégico abandonar la energía nuclear”. Y sabe de lo que habla porque ahora quiere aliviar la carga fiscal de las empresas con un alto consumo energético, a través de un precio de la electricidad subvencionado por el Estado. Asimismo, ha subrayado que “estamos llevando a cabo la transición energética más cara del mundo, no conozco ningún otro país que se lo ponga tan difícil y tan caro como Alemania”, pues al cerrar las nucleares, han disparado el uso del carbón y del gas natural… y con ello las emisiones de CO2. Además, tienen “muy poca capacidad de generación de energía”, por lo que deben construir nuevas centrales eléctricas de gas (o sea, de ciclos combinados de gas) y ampliar las existentes… pues pretenden abandonar la generación de luz a partir del carbón para 2038 y alcanzar la neutralidad climática en 2045.

Claro que el canciller alemán también debería tener en cuenta que la decisión de cerrar las nucleares la tomó en 2011 el Ejecutivo que lideraba Angela Merkel, quien pertenece al mismo partido que Merz (la CDU -Unión Demócrata Cristiana-), y que culminó el socialdemócrata Olaf Scholz en abril de 2023 al dar cerrojazo a las tres últimas. Es más, el propio Merz ha subrayado que “al menos se deberían haber dejado en funcionamiento las últimas centrales nucleares que quedaban en Alemania hace tres años, para tener al menos la capacidad de generación de electricidad que teníamos en ese momento”.

Recuerden que el apagón nuclear germano se empezó a gestar en el año 2000, siendo canciller el socialdemócrata Gerhard Schröeder (quien desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022 y la guerra se ha convertido en ‘apestado’ por sus vínculos con Rusia -preside la petrolera rusa Rosneft- y su amistad con Vladimir Putin). ¿Casualidad? Si uno recuerda al poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán Friedrich Schiller, quien defendía que las casualidades no existen, parece que no, porque desde el año 2000 Alemania pasó a tener una gran dependencia del gas ruso. La idea de Schröeder de cerrar los 17 reactores alemanes tuvo poco efecto en ese momento, pero fue recuperada por la democristiana Angela Merkel en 2011, tras el accidente nuclear en la central nuclear de Fukushima (Japón), que fue provocado por un terremoto y un tsunami. Y ojo, Merkel lo decidió así, a pesar de que el accidente en Fukushima no causó ninguna muerte por radiactividad y no ha llevado a que Japón abandonara la energía nuclear, sino que la va a impulsar y ha decidido extender la vida útil de sus reactores más allá de los 60 años.

Además de las advertencias de Deloitte y de Ignacio Araluce, entre otros muchos, Sánchez y Aagesen, también deberían tener en cuenta lo que apuntó, hace casi un año, Sama Bilbao, directora general de la Asociación Nuclear Mundial (WMA, por sus siglas en inglés). 

Por cierto, también estaría muy bien que los ‘verdes’ y ‘climáticos’ Sánchez y Aagesen echaran un vistazo a lo que muestra la app Electricity Maps en relación a las emisiones de CO2 de la generación eléctrica en varios países europeos. Y para muestra basta un botón, por ejemplo: las diferencias entre Alemania, España y Francia... sobre todo, por la ausencia o la presencia de la energía nuclear. 

Emisiones de CO2 en la generación eléctrica de Alemania

 

Emisiones de CO2 en la generación eléctrica de España

 

Emisiones de CO2 en la generación eléctrica de Francia