Siempre he pensado que las feministas son sadomasocas. Sádicas con los no nacidos, a los que pretenden eliminar, masoquistas consigo mismas, porque sienten una insuperable tendencia a defender los derechos de la mujer musulmana y, en general, del Islam, mientras arremeten contra la Iglesia de Roma, que es la que siempre ha defendido la dignidad de la mujer y la maravilla de la feminidad.

Por ejemplo, los medios progres españoles arremeten contra Disneylandia por despedir a una musulmana de origen marroquí, Imane Boudlal (en la imagen), que trabajaba como camarera en uno de sus parques armados con el correspondiente velo. La señora asegura que algunos compañeros le llamaban terrorista, y ha montado el correspondiente show televisivo: demanda contra la empresa por atentado contra la libertad religiosa.

Miren ustedes: el velo no es un símbolo religioso, es una moda. El crucifijo sí, pero el velo no. El velo es una forma de vestir, una costumbre del Magreb de origen de la demandante. Y sí, en efecto, en un parque norteamericano de Disney (realidad en mi opinión bastante cursi pero de suyo inane) las camareras, así como el resto del personal, portan el correspondiente uniforme. Si ese uniforme atenta contra mis hábitos, lo que tengo que hacer es no trabajar en un parque Disney.

El hábito de curas y monjas, por decir algo, es en efecto, un símbolo de su vocación religiosa. Seña de identidad. Ahora bien, si una monja quiere trabajar en un hospital es posible que no pueda vestir su hábito natural, dejando a un lado que el uniforme actual de las enfermeras no deja de recordar el hábito de las religiosas -del que es heredero-, lo cierto es que las órdenes de monjas dedicados a la sanidad visten de blanco y se acomodan a la higiene necesaria en su oficio.

Por las mismas, un cura tiene derecho -no respetado hoy en España- a vestir su sotana por la calle. A lo que no tiene derecho es a pedir trabajo en Disney y exigir servir con sotana, porque Disney -aparte de que se nos ha vuelto anticlerical- tiene un uniforme propio para sus empleados. 

Nadie obliga a nuestra marroquí a trabajar en Disney. Si la empresa no acepta su velo para servir las mesas entonces lo que debe hacer es buscar trabajo en otro sitio, no demandar a la compañía por atentar contra la libertad religiosa.

Digo esto porque a la progresía le importa un pimiento el velo: lo que le importa es utilizar el velo islámico para poner en berlina los hábitos religiosos cristianos.

Y es que este Occidente es así de idiota: no resiste al enemigo pero golpea al vecino. El Occidente cristiano de hoy no es belicista, es suicida.

Eulogio López

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