• Los propios yihadistas hacen circular por la red imágenes que revelan el terror que siembran en los territorios bajo su control.
  • No les importa que sean mujeres, jóvenes o niños. Nadie se libra de la matanza que están protagonizando en el norte de Irak.
  • Los cristianos huyen desesperados, sin nada que comer, y la ayuda humanitaria es insuficiente.

Una imagen vale más que mil palabras, y los yihadistas lo saben bien. Son ellos mismos los encargados de difundir por la red imágenes macabras que revelan el total desprecio de este grupo radical -carente de cualquier signo de humanidad- hacia las sensibilidades religiosas minoritarias en Irak, entre ellas los cristianos.
niña decapitada

La crudeza de estas imágenes que aparecen en la web 'Las voces del pueblo' es tal que puede dañar la sensibilidad de quien las ve. Una niña que no alcanza los siete años de edad es encontrada sin cabeza por sus familiares.

Un miliciano yihadista posa delante de un grupo de cabezas cortadas que aún conservan signos de su agonía.
decapitaciones
Un grupo de mujeres cristianas, obligadas como el resto a convertirse al islam, desfilan encadenadas con un burka que les cubre de pies a cabeza para ser vendidas. Son algunas de las instantáneas que los yihadistas toman para hacer saber al mundo la barbarie que están cometiendo en los territorios que controlan, un auténtico holocausto cristiano. Su 'modus operandi' es sencillo: o te conviertes al islam o te mato.

No hay duda: en los territorios controlados por el Estado Islámico está produciéndose una auténtica matanza en la que no hay distinción de edad o género: cualquiera que no profese el islam es blanco de los terroristas, y puede acabar con la cabeza cortada, tirado al río después de ser fusilado, crucificado en una plaza o enterrado vivo en una fosa común. Jóvenes y adultos, mujeres y niños; les da igual, pues a la vista está que no tienen escrúpulos.
crucificado

Mientras tanto, tal y como informaba ayer Hispanidad, cientos de miles de cristianos y yazidíes huyen desesperados del terror de estos islamistas radicales. Sin apenas comida ni bebida, los desplazados deambulan por el desierto e intentan alcanzar los territorios que escapan al control de los yihadistas. Las ciudades donde se refugian ya no dan abasto, y la ayuda humanitaria es insuficiente.

Daniel Esparza

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