La televisión está encendida, los padres hablan poco, y esta realidad frena el aprendizaje del lenguaje por parte de los niños. Un estudio demuestra que por cada hora que se visione la televisión el lenguaje  disminuye en 770 palabras.

Por lo que resulta que el uso de la televisión podría entorpecer en el desarrollo lingüístico de los niños, según afirma una investigación de la Universidad de Washington y el Instituto de Investigación Infantil de Seattle en Estados Unidos, publicado en la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine.

No es malo pasar horas delante del televisor; lo malo es lo que esta realidad tiene de pasividad social, de no saber buscar otras formas para llenar el tiempo de ocio. Es la demostración empírica de que algo falla. Parece que la lectura, la conversación, la tertulia familiar, la reunión de amigos o el estudio, son cosas de otro mundo.
En cambio, esta cuestión adquiere cierta gravedad cuando son los niños los que pasan muchas horas ante los televisores; hasta una tercera parte de las horas en que están despiertos, e incluso fuera de los horarios infantiles. El Código de Autorregulación de contenidos en horario infantil, rubricado por las cadenas televisivas y el Gobierno, ha sido infringido por todas las televisiones.

A su vez, los adolescentes que ven la televisión tres horas cada día alcanzarán un mayor riesgo en su educación durante la juventud y en el arranque de su existencia adulta, según una investigación efectuada por la Universidad de Columbia y el Instituto Psiquiátrico de Nueva York.

La Confederación de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios alerta de que la programación infantil, que ofrecen las distintas cadenas televisivas, está plagada de violencia y actitudes sexistas.
Por todo lo expuesto, la publicidad dirigida a los niños es una comunicación que se debe cuidar hasta el último detalle. El público infantil es un segmento numeroso de la audiencia y por su condición de niño indefenso ante los mensajes, es oportuno exigir que la publicidad infantil esté cuidada. La publicidad dirigida al niño no debe engañar ni manipular, debe ser muy clara en sus mensajes, ya que la audiencia infantil, con su enorme conocimiento del  mundo que les rodea, pueden confundir lo real con los mensajes imaginarios que perciben.

Aquellos polvos trajeron estos lodos. No caben inhibiciones mientras no se ponga coto a la acción deformadora del primer medio hipnótico de comunicación de masas, mientras la gran ventana lívida suplante a los padres.

"Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla". Gilbert Keith Chesterton

Clemente Ferrer
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