• Diez entidades necesitarán Cocos: Bankia, Popular, Sabadell, Banesto, Catalunya Bank, Duero-España, Liberbank, Mare Nostrum, Cívica y Unnim.
  • Al final, los convertibles contingentes se aplicarán en tiempo real. Es decir, que el Estado aflorará como accionista en las entidades 'ayudadas': una nacionalización con otro nombre.
  • Y el Gobierno podrá cesar a los banqueros ineficaces.
  • El sector considera un error poner un límite de tres años: el Gobierno se pillará los dedos.
  • Comparación entre la política del PP y la política del PSOE: sólo la CAM -intervenida por el PSOE- nos saldrá más cara que toda la reforma Guindos.
  • ¿Y qué dice el mercado? Pues el mercado espera justamente eso: que el Estado se haga con la banca.

El sector bancario ya ha hecho las cuentas. La segunda reforma bancaria del ministro de Economía, Luis de Guindos (en la imagen) le saldrá al Estado por 15.000 millones de euros. No se asusten: el Gobierno Zapatero, con su ministra Salgado y su gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, nos salieron mucho más caros. Sólo la CAM nos costará 20.000 millones de euros.

Pues bien, diez entidades necesitarán acudir a la muleta oficial en forma de Bonos Convertibles Contingentes (cocos). A saber:

En primer lugar, el Popular-Pastor. Ángel Ron brama en arameo porque junto a Isidro Fainé, de Caixabnak, ha sido el único que se ha tenido que comer una entidad en crisis (Pastor el uno, Cívica el otro) sin ayudas oficiales. De hecho, Cívica tampoco cubre las condiciones de saneamiento exigidas por De Guindos pero lo hará gracias a las aportaciones de Caixabank, su nuevo dueño.

Naturalmente, Bankia, ahora presidida por José Ignacio Goirigolzarri, que tampoco ha recibido ayudas hasta la inyección de capital de 4.400 millones de euros.

Luego el Sabadell. Ojo, el Sabadell sí cubrirá las exigencias de dotaciones pero gracias a haberse comido precisamente a la CAM, que le ha reportado ayudas públicas.

Banesto está en el límite, pero no hay problema: recurrirá a todo tipo de ayuda pública y el Santander, su matriz, pondrá el capital si fuera necesario.

Con Caja Duero y Caja España pasa algo similar a Sabadell-CAM: las ayudas públicas a Unicaja para que se comiera a los castellanos le permiten pasar el examen.

Mare Nostrum y Liberbank también precisarán de cocos, por lo que no les vendría mal quedarse con alguna entidad menos para recibir ayudas directas (las más caras para los ciudadanos).

Novagalicia Banco lo mismo. El Estado le apoyará con cocos y aumentará aún más su participación (hoy del 92%). Y  Catalunya Bank peor, porque está adscrito al antiguo sistema PSOE, lo que implica que nadie se quedará con ella -parece ser que será el Santander- si no es con un Esquema de Protección de Activos (EPA), una ayuda mucho más directa y mucho más cara para los ciudadanos que los cocos.

Queda Unnim, que tampoco cumple los requisitos pero que ha sido absorbida por BBVA. Aquí no es que Francisco González vaya a aportar capital: lo aporta el Estado, del que recibirá las correspondientes ayudas. No es el BBVA un chollo para Unnim, sino Unnim un chollo para el BBVA, como lo ha sido la CAM para el Sabadell.

Atención, los cocos se convertirán en acciones de inmediato, en cuanto surja una pérdida. En resumen, al final, resulta que el Estado afloraría como accionista de muchas entidades: una nacionalización en toda regla.

Pero a plazo fijo: tres años. Esta es la parte que menos se entiende de la reforma Guindos: ¿Por qué poner plazo? En Gran Bretaña no lo hicieron. Y es que si te pones plazo, está claro que tendrá que vender deprisa y venderá mal.

Eso sí, el Gobierno podrá quitar a gestores ineficaces cuando le plazca. Y eso puede ser bueno o malo.

¿Y qué dice el mercado? El mercado, siempre tan liberal, está encantado de que el Gobierno entre en el accionariado de la banca, es decir, que ponga dinero público: cuanto más mejor. Es decir, que, en sublime paradoja, los especuladores financieros coinciden con la izquierda política y hasta con el 15-M, que piden eso mismo: la nacionalización de la banca. Eso sí: pagando, ¿eh?

Eulogio López

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