Algo debe tener el adjetivo nuclear para despertar tantos temores. Nunca una disciplina científica sobre la que la mayoría de los mortales no tenemos ni la menor idea, provocó un pánico global tan espectacular.

 

La canciller alemana Angela Merkel ya ha paralizado el alargamiento del periodo de vida de las centrales nucleares alemanas, sobre todo porque tiene enfrente a unas elecciones en Sajonia y todos sabemos que la Alemania Oriental es la zona más verde del planeta. Bueno, la zona es verde pero los habitantes mucho más.

¿Hay riesgo de radiación en Japón tras el impacto del maremoto sobre la central de Fukushima? Naturalmente que sí. ¿Riesgo de qué? De radiación. Pero se trata de un desastre menor que el del tsunami propiamente dicho, cuya cifra de víctimas ahogadas o aplastadas no se ha determinado ni se puede determinar todavía y que estoy seguro decuplicará las oficiales.

Las terminales de fuel y gas también han resultado afectadas. El petróleo tiene sus riesgos, como el carbón, y también las llamadas energías limpias. La ventaja de la nuclear es que la energía más barata por tanto, la energía de los pobres y del progreso. ¿Tenemos miedo a la radiación? Lógico, pero también tenemos miedo al hambre y a la miseria. Japón no puede vivir sin su energía nuclear y no habría alcanzado el nivel de vida que posee sin esa energía.

Lo que nos negamos a asumir es que la vida es riesgo. Podemos asumir esos riesgos o podemos vivir peor, pero lo que no procede es tener miedo al miedo, porque ese pánico no es muy racional. En esta ocasión, me temo que Merkel se ha precipitado.

Eulogio López

[email protected]