Me encanta el estilo Pedro José Ramírez, director de El Mundo. Primero nos institucionaliza con una entrevista en portada -dos días seguidos- a su Alteza serenísima la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein (en la imagen), esposa separada del igualmente serenísimo príncipe Casimir zu Sayn-Wittgenstein-Sayn (o sea, Sayn al cuadrado). Es decir, la entrañable amiga de SM el Rey de España, quien tantos favores ha hecho para solventar crisis políticas en España (por el momento, no sabemos en qué consisten esos favores pero la respuesta se espera a cada instante).

Pero eso sí, al tiempo que nos la presentaba en sociedad, ella, una mujer tan discreta, es decir, al tiempo que abofetea a la Monarquía, exige en un editorial que Su Majestad no abdique. Eso nunca jamás. Y es el mismo periodista que en plena borrasca Zapatero se autopostuló como presidente de la III República. ¡Eres genial, Pedro José!

Como lo es Corinna, cuya actividad profesional es una empresa, de nombre Appollonia, dedicada, ojo al dato, a lo siguiente: "conectar personas, plataformas e instituciones para crear un valor sostenible y ofrecer resultados excepcionales". Con esa carta de presentación la voy a contratar ahora mismo para Hispanidad. No sé con qué cometido o función pero la promesa de resultados excepcionales me atrae mucho, la verdad.

Es más, su serenísima Alteza utiliza servicios jurídicos y financieros de Reino Unido y Suiza para la "gestión de relaciones estratégicas entre instituciones internacionales, gobiernos e individuos de alto valor económico". Esta chica es una joya. Insisto: la contrato ya mismo. Siempre he querido relacionarme con individuos, incluso individuas, de alto valor económico. Esos son los valores que a mí me gustan: los valores bursátiles.

Además su Alteza serenísima, como creo haber dicho antes, sólo actúa a petición de parte. Es más, asegura que sólo ha colaborado con el Gobierno español cuando este se lo ha pedido (Mariano, te me has adelantado) y su gestión ha resultado siempre "delicada, confidencial. Son asuntos clasificados. Situaciones puntuales que he ayudado a solucionar por el bien del país". Y así se lo pagamos, con maledicencia: ¡ingratos!

Oiga, y todo ello sin cobrar ni un euro, asegura. En el único punto en que su discreción falla es cuando asegura que su relación con Urdangarín -el serenísimo Duque de Palma- se debe a que Su Majestad, es decir, el Rey, le pidió que le buscara trabajo a Urdangarín en la fundación Laureus. Lo cual demuestra como la calumnia es terrible para las serenísimas: hasta ahora se sospechaba que era el Rey quien había hecho llamadas para buscar patrocinadores a Laureus, es decir, a Corinna, pero ya se ve que es justamente al revés: era ella quien, debido a su entrañable amistad con el Monarca, le buscaba trabajo al yerno.

Pero no es esto en lo que ustedes deben reparar. En lo que deben reparar es en que Pedro José ha publicado esta entrevista a medio camino entre Mónaco y Londres (dado el corto contenido debo apuntar que la serenísima, mas que discreta, es lacónica), para servir al Rey y a España. Otra tarea delicada, aunque no menos confidencial, que este pueblo ingrato no ha sabido valorar en sus justos términos. Ni para el serenísimo periodista ni para su serenísima alteza.

Y todo ello justo cuando el Monarca intentaba pasar página y mantener la amenazada unidad del país, que es el mandato constitucional que tiene encomendado.

Y ahora, no vendría mal una comunicado de la Casa Real, asegurando que el Rey Juan Carlos no tiene ya ninguna relación con su serenísima Alteza ni tan siquiera la de amistad entrañable, para que no se confunda -todo es confusión en nuestro país- con sacarle a nadie las entrañas.

Eulogio López

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