Decíamos ayer, que el feminismo constituía una de las dos necedades contemporáneas. La otra es el maniqueísmo. De vez en vez me sale la vena masoquista, así que he aprovechado el fin de año de 2014 para torrarme con Harry Potter, la obra de J.K. Rowling, elevada, por mor de la superficialidad del arte contemporáneo, a filósofa del siglo XXI.

El maniqueísmo redivivo es tan triste como el maniqueísmo histórico. Así nos va

Harry Potter no es panteísta, sino maniqueo. El bueno de Harry -que tío más cursi- pelea con Voldemort -un tío tan ridículamente perverso que acaba por caerme más simpático que Harry- en lo que podríamos llamar paridad de poderes. El mal de Rowling no sólo resulta tan poderoso como el bien, sino que tiene el mismo valor e idéntico origen. La única diferencia es que el malo no tiene nariz, lo que no resulta muy estético.

El maniqueísmo fue la filosofía favorita de los romanos y no olvidemos que Roma sigue estando muy presente en nuestras vidas y jugara un papel importante en el fin de la historia. Y eso que el bueno del Tomás de Aquino ya desenmascaró el fraude maniqueo, cuando cayó en la cuenta de que el mal no existe, es sólo la ausencia de bien, porque el mal no crea nada y el mundo es lo creado. Como recordaba Escrútopo, el inteligente demonio de Clive Lewis, el mal lo tiene más difícil porque se ve obligado a utilizar las armas del bien dado que él no posee ninguna. Por eso, los maniqueos son ateos disfrazados y por eso los ateos son dementes ilustrados, incapaces de ver la realidad. Por eso, también, se incapacitan para cualquier juicio moral. Y eso es lo malo: que lo que caracteriza a la razón no es más que la capacidad para distinguir lo bueno de lo malo. Porque si lo bueno y lo malo es lo mismo: ¿para qué elegir Y ya puestos, ¿para qué pensar

Que no. Existe el bien… y el mal no es más que la ausencia de bien. Por eso el demonio no es el contrario de Dios Creador. En tal caso, es lo contrario de un espíritu bueno, de la misma forma que un hombre malo es lo contrario de un hombre bueno. Pero el mal no es lo contrario del bien. Algunos, como Harry Potter, no parecen haberse enterado. Y así nos va.

Eulogio López

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