• Con ello se crearía una ingeniería militar pública, con otros organismos públicos del ramo, tipo Isdefe.
  • Nada que ver con el megaproyecto de fusionar toda la industria militar: Indra, Navantia, etc.
  • Carlos Suárez sería el hombre clave de esa división, como actual responsable de Defensa de Indra.
  • Suárez mantiene buenas relaciones con Morenés, malas con Argüelles y pésimas con Monzón.
  • El resto se vendería al mejor postor, en cuanto la acción llegue a 11 euros, no antes.
  • Y sí, Moncloa no entrará en guerras empresariales pero no le gusta nada el actual presidente de Indra.
  • De hecho, ya le han hecho las 'cuentas': en más de 20 años ha cobrado de INDRA más de 132 millones de euros.  
  • Ramón Aguirre, presidente de la SEPI, queda fuera de la operación por decisión de Moncloa.

El culebrón Indra se precipita hacia su final. Tres años de legislatura popular y aún no se le ha dado un respuesta. Primero comenzó siendo una megaoperación para la creación del complejo militar industrial español, a costa de mezclar peras con manzanas: empresas privadas cotizadas como INDRA, donde el Estado mantiene un 20%, fusionada con otras empresas públicas en pérdidas como Navantia: una locura.

Luego Eduardo Serra y el Ministerio de Defensa lanzaron al amigo de Rajoy, y ex presidente del PP, Antonio Hernández Mancha como sustituto de Javier Monzón (en la imagen) en la Presidencia de Indra.

Más tarde, se trataba de lograr un núcleo duro que comprara el 20% de la SEPI, con José María Aristrain y Albert Frère como inversores. En ese momento, los candidatos barajados para ocupar la Presidencia de INDRA eran Fernando Abril-Martorell y Juan María Nin.

Por último, otra operación: que el grupo familiar -no fondo- británico Hanson (maneja unos 5.000 millones de libras en activos) compre al Estado ese 20% y se convirtiera en el accionista de referencia. Pero no tiene por qué ser el último intento y, en cualquier caso, no incompatible con Aristrain y Frère.

Ahora bien, todas las opciones barajadas a lo largo de tres años tienen un común denominador: en todos ellos se pretendía la salida de Javier Monzón, más de 20 años en Indra, y que se resiste a dimitir como gato panza arriba.

De hecho, el Ejecutivo ya lo intentó de forma directa, cuando el secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, pidió a Monzón que presentara su dimisión. Éste se negó por dos veces. Y eso que el grupo que capitanea Eduardo Serra y Hernández Mancha, con el apoyo de Defensa, ya le han hecho 'las cuentas' a Monzón: en más de 20 años ha cobrado de INDRA más de 132 millones de euros.

Pues bien, a día de hoy todos los planes pasan por dos condiciones previas: el Estado no va a vender por menos de los 11 euros la acción. Rajoy y Montoro no están dispuestos a que la oposición les saque los colores asegurando que han hecho perder dinero al Estado para promocionar a los amigos.

Y lo segundo y más importante: no se puede reprivatizar el paquete de referencia de Indra sin antes desgajar la división de defensa, la que otorga a la empresa su carácter estratégico, que pasaría a formar parte del Estado. Y así, se crearía junto a otros instrumentos públicos, no privados, como ISDEFE, una ingeniería decente capaz de competir en concurso de industria de defensa en todo el mundo. Hasta ahí todos de acuerdo. Por fin la sensatez impera.

Y ojo, la Indra resultante, la privada, no tiene por qué suponer que Monzón se mantenga en la Presidencia. De hecho, su principal valedor en el Gobierno, el presidente de la SEPI, Ramón Aguirre, ha quedado desvinculado de la operación por orden de la superioridad. Demasiado próximo a Monzón. En concreto, ha quedado fuera por orden de su superior inmediato, el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro.

¿Quién sería el encargado de esa ingeniería de defensa estratégica de titularidad pública Pues se piensa en un hombre de INDRA, Carlos Suárez, actual director de esa división en la compañía. Un hombre que procede de EADS, que se lleva bien con el ministro Morenés (también procedente de EADS), mal con el secretario de Estado, Pedro Argüelles (procedente de Boeing)... y fatal con Monzón.

Y así llegamos a la paradoja: si algo desea el presidente de Indra en este momento es que... no suban las acciones de Indra. Al menos hasta los 11 euros. Ahora están en 8,37 euros, y en la jornada del martes 2 era la empresa del Ibex que más subía. Seguramente pura coincidencia.

Eulogio López

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