Desde Génova se insiste en su inocencia, pero su cargo puede ser una dificultad añadida de cara a las elecciones
Las consecuencias para el partido si lo expulsan pueden ser un problema más y la repetición del efecto Álvarez-Cascos.

El tsunami Camps, puede convertirse en simple oleaje si como todo parece indicar obedece a las órdenes del partido –que tienden a pedir su renuncia al cargo antes de sentarse en banquillo de los acusados-, o permanecer como maremoto si desobedece las directrices de Génova y se aferra al cargo.

Pese a que desde Madrid algunos altos cargos, como el vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Esteban González-Pons, han afirmado que Francisco Camps es "claramente inocente" lo cierto es que la continuidad del presidente de la Generalitat Valenciana al frente del gobierno valenciano pone en aprietos al partido de cara a las elecciones generales del próximo año. Por ello, para evitar que Camps sea un arma arrojadiza que pueda utilizar el PSOE, se le está pidiendo que presente su renuncia. Y no es la primera vez que se le ha pedido que deje su cargo, pero el presidente valenciano no quiere irse. Y no está claro qué se puede hacer: si lo echan puede repetirse un efecto Álvarez-Cascos en Valencia; si no lo hacen, es un quiste para las generales.

Ante el temor a que Camps puede desobedecer las indicaciones enviadas desde Génova, el Partido Popular quiere tomar decisiones. Al menos eso es lo que se han entendido de unas declaraciones de la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáenz de Santamaría. En unas declaraciones antes de una reunión del partido en el Congreso ha afirmado que "Rajoy tiene mucho interés en estas decisiones [en referencia a decisiones sobre la redacción final del programa del partido], como en otras decisiones que en su momento se comunicarán".

Parece que se estrecha el círculo sobre Camps, aunque en la política, y especialmente la española, la cuadratura del círculo no es un imposible y supera la posibilidad de ser un ente de razón. Si no se va, será difícil que le echen. A lo mejor las decisiones a tomar son otras.

Juan María Piñero
[email protected]