• La depreciación de activos asciende a 5.800 millones, provisiona otro 5.200 para pagar multas y 1.000 millones para despidos.
  • El margen financiero continúa estancado y la que se supone su mejor división, banca de inversión, es de las que más pierde: 2.035 millones.
  • Los frutos de la reestructuración de Cryan siguen sin verse, mientras aumentan las dudas sobre su saneamiento.
  • Pero no ve necesaria una ampliación de capital, lo que hubiera espantado más todavía a clientes y accionistas.
No está clara la dirección en la que va Deutsche Bank, en pleno proceso de reestructuración desde que el británico John Cryan (en la imagen) tomó el mando a mediados de 2015. Nada le sonríe de momento. Y la puntilla son los resultados de 2015, con pérdidas históricas de 6.794 millones (adelantadas parcialmente en el profit warning del 21 de enero). Pero sumen a eso el desplome que arrastra en bolsa, los litigios que afronta por malas prácticas bancarias o la propia estrategia del grupo. De hecho, lo que está en cuestión es precisamente el rumbo en sí de la entidad, que hasta hace nada, como quien dice, se presentaba como un ejemplo de fortaleza y rentabilidad. Antes de los resultados, vayan por delante sus caídas en bolsa. Perdió el 10% tras el profit warning, siguió cayendo en los días posteriores y este jueves suma otro revés del 5%. Detrás de esas caídas están las dudas, y las dudas las alimentan precisamente los resultados. Y es que Cryan tampoco aclara mucho más: "Nos estamos centrando en 2016 y continuaremos trabajando duro para resolver los problemas legales", ha dicho, y ha añadido que el "el trabajo de reestructuración y de inversión continuará durante el año". O sea, la pesadilla no ha terminado. En datos. Las pérdidas son las primeras desde 2008, en plena crisis financiera (fueron entonces de 4.000 millones), y contrastan con el beneficio de 1.663 millones de euros en 2014. La explicación está en el impacto de 5.800 millones de euros por la depreciación de activos y de algunas participaciones, los 5.200 millones que ha provisionado por litigios y 1.000 millones que ha tenido que destinar para despidos, que afectan al 25% de la plantilla. Y a eso se añade el estancamiento financiero de la entidad, sobre todo por la división de banca de inversión, la estrella del grupo, que perdió 2.035 millones de euros, frente al beneficio de 2.909 millones en 2014. Esa pérdida es menor, en volumen, a la división de clientes privados y empresariales (Private & Business Clients): 3.291 millones, frente al beneficio en 2014 de 1.189 millones. Con todo, aumentó sus ingresos netos un 5%, hasta 33.500 millones. A todo lo anterior se unía otra duda sobre la necesidad de una ampliación de capital, que no sería la primera. Recuerden la ampliación de 8.000 millones, en 2014, para superar los test de estrés. Cryan ha dicho que no ve necesario aportaciones de capital adicionales. Menos mal, porque lo contrario hubiera espantado más a los clientes y a los accionistas. ­Rafael Esparza [email protected]