Debemos a la majadera de Irene Montero la homologación, bajo la denominación de 'agresión sexual', de hechos tan distintos como un tocamiento o una violación. Tanto el uno como la otra son rechazables,  pero no es lo mismo y se corre el peligro de igualarlos. Esto no es bueno para la justicia pero, sobre todo, no es bueno para las mujeres... además de dar pábulo a cualquier desaprensiva que quiera hacer daño a un varón.

Por ejemplo, nada menos que el arzobispo de Rabat, el salesiano Cristóbal López Romero, ha decidido dimitir de su cargo, aunque aclara que es inocente y, por tanto, lo hace temporalmente.

Varias mujeres le acusan, no de violación, tampoco de ataque sexual, sino de abrazos prolongados o acercamientos inapropiados.

Es que han sido cinco mujeres las que le han acusado. ¿Y qué? También a Joe Biden le acusaban varias mujeres de ser un sobón y él defendió su inocencia y así se le reconoció. A lo mejor era lo único de lo que 'somnoliento Joe' era inocente.  

No sé lo qué ha ocurrido con el arzobispo de Rabat, Cristóbal López Romero. Ahora bien, este señor tiene 74 años, por lo que cabe suponer que su pulsión sexual anda algo menguada. 

Él dice que es inocente pero ya saben que en estos casos -yo sí te creo, hermana- el varón siempre es culpable. Además, el obispo de Rabat, plaza difícil, es sacerdote. Por tanto, y aunque asegura que es inocente, ha tenido que cumplir con el protocolo, renunciar -con lo que todo el mundo entenderá que se trata de una inculpación- y abandonar el cargo. 

No sé si es culpable pero el hecho de que sean cinco mujeres las acusadoras me dice menos que la acusación en sí: lo de los abrazos 'prolongados' no me suena bien.

Y conste que a Cristóbal López Romero le hemos criticado en Hispanidad por sus desafortunadas declaraciones donde aseguraba que nadie poseía la verdad. Pues sí, Cristo es el camino, la verdad y la vida... para arreglarlo luego con un retruécano en mi opinión harto insuficiente... "porque la verdad nos posee a todos".

Ahora bien, eso no tiene nada que ver con una acusación, una más, sobre comportamientos inadecuados, por acercamientos excesivos, por abrazos demasiado prolongados. 

A lo mejor hay más, pero esto no son razones para forzar una dimisión anticipada, es decir, para condenar antes de juzgar. Y este hombre ya ha sido condenado.

Y si se demuestra que las acusadoras han exagerado, o simplemente han mentido: ¿alguien les va a denunciar a ellas? ¿Tendrían la denuncia alguna virtualidad?

Por último, hemos creado la ficción de que todo cura, por el hecho de serlo, o bien es un pederasta o bien abusa de las mujeres. ¿No es hora de detener esa locura?