El ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha sacado su vena matona, si es que alguna vez estuvo oculta, y deja muy clara su intención: que la Iglesia, y los curas, permanezcan calladitos. 

Todo viene a raiz de que el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, en un curso organizado por la Fundación Pablo VI, afirmara "cuando un un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones, y a las pruebas me remito".

Estas declaraciones han enfurecido al ministro que ni corto ni perezoso ha enviado una carta a Monseñor Argüello, en la que le pregunta "¿y si calificásemos a la Iglesia como una banda de agresores sexuales?". Sintiéndose aludido y ofendido Bolaños, sin que el presidente de los obispos le haya mencionado, le muesta su "sorpresa" ante unas declaraciones que considera "ofensivas, tanto desde el punto de vista personal como institucional". 

El ministro continúa: "En las numerosas ocasiones en las que hemos conversado sobre este asunto, jamás he caído en una descalificación de ese calibre, por lo que le invito cordialmente a que nuestras relaciones estén marcadas por la moderación, el respeto y la justicia en lugar de por la exageración y el partidismo en favor de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha".

Bolaños concluye demostrando que es un alumno aplicado y muy sanchista, interpretando como mejor le viene unas palabras del Papa en su viaje a España: "Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de custodiar la palabra para desarmar el lenguaje". Bolaños cree que esas palabras "le pueden inspirar como presidente de la Conferencia Episcopal Española para reconducir sus declaraciones públicas y sean más respetuosas con el conjunto de la sociedad y sus representantes públicos". 

Vamos a aclarar una cosa, la función de un obispo no es plantear el camino político a seguir, pero sí denunciar a los partidos que atentan contra la ley natural y contra la Ley de Dios. Por ejemplo, los que incumplen los valores no negociables para un católico, que Benedicto XVI dejara muy clarito: aborto, familia natural, libertad de enseñanza y bien común. Así que sí, señor Bolaños, Argüello hace muy bien en denunciarles.

La Iglesia debe entrar en política... y hablando muy claro, es su deber, por ejemplo, denunciar las barbaridades del Sanchismo. Por ejemplo, el aborto... o la profanación del Valle de los Caídos. Un deber al que la jerarquía eclesiástica española se ha sustraído, por cobardía, durante demasiado tiempo.

En todo caso, a la jerarquía episcopal española de ahora mismo no hay que reñirla por hablar mucho de política, sino por hablar muy poco. Y más ante matones de tres al cuarto como El Bolas.

Y un último asunto, señor Bolaños, ¿acaso han hecho otra cosa desde que entraron en La Moncloa que acusar a los curas de depredadores sexuales? Desde que ha dependido de los socialistas, la campaña ha sido clara: todos y cada uno de los abusos cometidos a menores son perpetrados por los curas, que tienen que pedir perdón y reparar a las víctimas, olvidando que la pederastia clerical representa el 0’2% del total de los casos de pederastia. Y al cargo de un informe malicioso y mentiroso han puesto al excura resentido Gabilondo. El mismo excura Gabilondo que contabilizó 400 casos de abusos en el seno de la Iglesia acontecidos en los últimos 60 años, 400 casos que se convirtieron en 440.000 en el titular de El País. 

Pues sí Bolaños, no sólo Argüello, sino toda la Iglesia y su jerarquía deben hablar, y mucho y muy claro, máxime después de sus amenazas. Y ojo, que parece que el presidente de los obispos empieza a cansarse, ha contestado al ministro: "Cada uno verá por qué se siente aludido, porque yo no he hablado del Gobierno”, ha señalado a primera hora ante los medios en Valladolid.

“A mí siempre me alegra que podamos dialogar. Lo que me extraña de las cartas es que lleguen antes a los medios de comunicación que al destinatario”, ha reaccionado también sobre el escrito.