Este 13 de julio se cumplen los noventa años del asesinato de José Calvo Sotelo por afiliados del PSOE. Concretamente, los asesinos pertenecían a una milicia socialista conocida popularmente por el nombre de “La Motorizada”. Dicho asesinato, si bien no fue la causa de la Guerra Civil —enfrentamiento que obedece a un conjunto complejo de cusas—, sí que fue la chispa que la hizo estallar. De hecho, el asesinato del líder monárquico de la oposición parlamentaria fue lo que acabó por decidir a Franco a protagonizar el Alzamiento Nacional. Por este motivo, vamos a detenernos a contar algunos acontecimientos de la vida de Calvo Sotelo, que ayudan a entender el significado de este asesinato.
José Calvo Sotelo cuenta con una biografía completísima, de más de setecientas páginas, escrita por Alfonso Bullón de Mendoza. Entre los muchos archivos consultados para escribir este libro se encuentra el de la familia Calvo Sotelo. Dicho autor se detiene a analizar la actuación parlamentaria de su biografiado en lo que él llama “la primavera trágica de 1936”, porque fue en esos meses cuando desde el Gobierno se le señaló para que fuera asesinado el 13 de julio de 1936. En mi opinión, fue en esa primavera cuando el Frente Popular dictó sentencia de muerte contra José Calvo Sotelo, por contar lo que hacía el Gobierno. Hablar era peligroso...
El 15 de abril de 1936, Manuel Azaña, como presidente del Gobierno, defendió en el Congreso el programa del Frente Popular. Se presentó como la personificación de la calma y se atrevió a decir que “nosotros no hemos venido a presidir una guerra civil; más bien hemos venido con la intención de evitarla”. A lo que Calvó Sotelo contesto:
“Señor Azaña, eso, dicho en la Cámara, el día 10 o el 1 de marzo, podía haber pasado en silencio y sin una protesta. Pero hablar de calma como característica de Gobierno a las seis, siete u ocho semanas de actuación de los hombres que constituyen este Gobierno, cuando la garantía de la vida en la calle es una cosa inexistente…”.
Calvo Sotello concretó su denuncia y expuso un resumen de los atropellos cometidos desde el triunfo del Frente Popular, consciente de que este tipo de información no se podía publicar en la prensa, puesto que el Frente Popular había desterrado la libertad de información
En esta ocasión, Calvo Sotello concretó su denuncia y expuso un resumen de los atropellos cometidos desde el triunfo del Frente Popular. Consciente de que este tipo de información no se podía publicar en la prensa, puesto que el Frente Popular había desterrado la libertad de información, Calvo Sotelo pidió que su informe se incorporara como anexo al Diario de Sesiones, de modo que así la prensa pudiera evitar la censura y lo pudiera publicar como parte de un discurso parlamentario. Según los datos que expuso Calvo Sotelo, esta era la realidad de lo que había ocurrido en España tras el triunfo del Frente Popular:
“Desde el 16 de febrero hasta el 2 de abril —mis datos no alcanzan al periodo posterior— ha habido lo siguiente: asaltos y destrozos, en centros políticos, 58; en establecimientos públicos y privados, 72; en domicilios particulares, 33; en iglesias, 36. Incendios en centros políticos, 12; en establecimientos públicos y privados, 44; en domicilios particulares, 15; en iglesias, 106, de las cuales 56 quedaron completamente destrozadas. Huelgas generales, 11; tiroteos, 39; agresiones, 65; atracos, 24; heridos, 345; muertos, 74. El señor Azaña se limitaba a calificar de tontería el incendio de iglesias. Grandes son las pérdidas que ha experimentado el arte español, esculturas de Salzillo, magníficos retablos de Juan de Juanes, lienzos de Tiziano, tallas policromadas, obras que habían sido declaradas monumentos nacionales, como la iglesia de Santa María en Elche, han ardido en medio del abandono, cuando no con la protección cómplice de los representantes de la autoría pública”.
Un mes después de esta intervención parlamentaria, el 13 de mayo de 1936, tomaba el relevo al frente del Gobierno de España Santiago Casares Quiroga. La situación no solo no había mejorado, sino que había empeorado. La tensión parlamentaria llegó a un punto que el 16 de junio Casares Quiroga no se anduvo con rodeos, y en un discurso en el Congreso amenazó directamente a Calvo Sotelo, a lo que el aludido respondió:
“Yo tengo, Sr. Casares Quiroga, anchas espaldas. Su señoría es hombre fácil y pronto para el gesto de reto y para las palabras de amenaza. Le he oído tres o cuatro discursos en mi vida, los tres o cuatro desde ese banco azul, y en todos ha habido siempre la nota amenazadora. Bien, señor Casares Quiroga. Me doy por notificado de la amenaza de su señoría. Me ha convertido su señoría en sujeto, y por tanto no solo activo, sino pasivo de las responsabilidades que puedan nacer de no sé qué hechos. Bien, señor Casares Quiroga. Le repito, mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi patria y para gloria de España, las acepto también. ¡Pues no faltaba más! Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: ‘Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis’. Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio”.
Calvo Sotello a Santiago Casares Quiroga: "Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: ‘Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis’. Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio”
Fue en esta sesión parlamentaria, en la que La Pasionaria, desde su escaño, amenazó de muerte a Calvo Sotelo. Si bien la frase no quedó recogida en el Diario de Sesiones, en 1985, Tarradellas en una entrevista concedida a Pilar Urbano le dijo: “Me acuerdo del día que Dolores Ibarruri le dijo a Calvo Sotelo aquello de ‘has hablado por última vez’, porque yo me sentaba en un escaño muy cercano al de Calvo Sotelo”. Ninguna sorpresa en que no aparezca la frase de La Pasionaria en el Diario de Sesiones, pues el presidente del Congreso, Martínez Barrios, acostumbrara a censurar los comentarios agresivos. Y cuenta Bullón de Mendoza, buen conocedor de la documentación, que si bien Calvo Sotelo no acostumbraba a hablar en su casa de lo que había sucedido en el Parlamento, en este caso hizo una excepción, por lo que su mujer y sus hijos quedaron avisados.
El día 12 de julio de 1936 era domingo y Calvo Sotelo asistió a misa en la iglesia de la Concepción. La jornada transcurrió en un ambiente familiar. Ese mismo día, por la noche, fue asesinado el teniente de Asalto José del Castillo y Sáenz de Heredia. Para vengar su muerte, los socialistas de La Motorizada decidieron asesinar a Calvo Sotelo.
El asalto de los socialistas al domicilio de Calvo Sotelo, a las dos y media de la madrugada del día 13 de julio, está relatado con todo detalle en la biografía de Bullón de Mendoza, donde reproduce un largo documento escrito por Enriqueta, hija de Calvo Sotelo, en el que cuenta con todo el dramatismo lo sucedido. Este es uno de esos párrafos:
“Mi madre clamaba una y otra vez, obsesiva y angustiadamente: ‘¡No te vayas, Pepe, por favor no te vayas!’ (¿Fue ella la única que presintió la realidad?); yo creo que mi padre lo presentía con la misma evidencia que ella; lo que ocurrió es que, al verse absolutamente bloqueado, invadida la casa y la calle de gente armada, sin posibilidad de pedir auxilio o ayuda a nadie, totalmente incomunicado e indefenso, prefirió ir a la muerte él solo, sin arriesgarse a que le mataran allí mismo, delante de su mujer y de sus hijos, incluso eliminando también a algunos de ellos”.
Una vez en la calle, a Calvo Sotelo le esperaba la camioneta de Asalto número 17
Una vez en la calle, a Calvo Sotelo le esperaba la camioneta de Asalto número 17. En el banco delantero se sentaron Orencio Bayo, guardia de asalto y conductor, el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, instructor de La Motorizada, y José del Rey, miembro de las Juventudes Socialistas. En el segundo banco iban paisanos y guardias. En el tercer banco, que estaba de espaldas a la dirección, no iba nadie. En el cuarto banco sentaron a Calvo Sotelo, junto al guardia de Asalto Aniceto Castro. Y en el quinto banco iba el pistolero de La Motorizada Luis Cuenca Estevas.
La camioneta número 17 emprendió la marcha, calle de Velázquez abajo. Y al poco tiempo, al llegar al cruce con la calle de Ayala, el pistolero Cuenca le descerrajó un tiro en la nuca a Calvo Sotelo y lo remató con un segundo disparo. Desde allí se dirigieron al cementerio del Este, donde abandonaron el cadáver.
De regreso, cuando pasaban junto a la plaza de toros, el conductor manifestó su preocupación y dijo: “Supongo que no me delatareis”. Le respondió Fernando Condés: “No te preocupes que nada te pasará”. A lo que José del Rey remarcó: “El que diga algo de esto se suicida. Lo mataremos como a este perro”.
En aquellos momentos, los dirigentes del PSOE encubrieron a los asesinos y desde entonces hasta el día de hoy, oficialmente el PSOE guarda silencio sobre este asesinato.










