Como a las 15,00 horas del viernes 17, la República islámica de Irán abría el Estrecho de Ormuz a todo tipo de barcos mercantes. De inmediato, el precio del petróleo caía un 10% y puede que aún descienda más, y en la Bolsa de Madrid se produjo una subida generalizado de valores... y una bajada de todos los precios energéticos -eléctricas y petroleras-, con Repsol a la cabeza.
Los ayatolás, o quien sea que ahora mismo lidere Irán, aseguran que eso se ha debido a que Estados Unidos ha presionado a Israel para que dejen de bombardear el Líbano. Sea así o no lo sea lo cierto es que Netanyahu ha aceptado el alto el fuego en la antigua Fenicia.
¿Y ahora qué? Sólo es un primer paso pero La Casa Blanca, no se sabe si para lavar su imagen, asegura que la guerra terminará cuando se haya destruido la capacidad nuclear de Irán y cuando, además, haya caído un Régimen fanático que, según cifras de Donald Trump, ha asesinado a 42.000 iraníes y que, encima, anuncia nuevas ejecuciones.
Eso sí, Trump ya ha advertido que por el momento el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado para barcos iraníes, lo cual implica que sigue cerrado para, por ejemplo, el petróleo y el gas iraníes con destino a China.
Insistimos: abrir Ormuz no es el triunfo de Trump. El triunfo de Occidente sería poner fin al Régimen fanátíco, y sí, exportador de terrorismo, de Teherán.
Por de pronto, la guerra ya ha conseguido que Estados Unidos y Europa estén al borde de la ruptura.
Pero lo mejor es lo de los líderes europeos: a moro muerto, gran lanzada. Tras la apertura de Ormuz, Macron, Starmer, Merz y Meloni aseguran que están dispuestos a proteger militarmente Ormuz.











